Mi primera vez - Alex(barcelona)Uno empieza a preocuparse por su aspecto físico desde que es un niño. En la primaria intentas llevar las mejores marcas deportivas porque así "molas más". Pero no es hasta la adolescencia cuando empieza a ser un tema realmente importante. El culto al cuerpo empieza a ser evidente desde el día en que te afeitas por primera vez, o cuando usas esas cremas para la cara. El acné nunca fue un problema para mi, puesto que siempre tuve una cantidad normal, en ese sentido me sentía un privilegiado en comparación con otros. Pero donde las dan las toman, y enseguida apareció mi gran obsesión hasta el día de hoy: el pelo. Desde los 14 años puedo asegurar que no me gustaba hacer natación; no porque no supiera (la verdad nado bastante bien) sino por la cantidad y longitud de los pelos que asomaban ya por entonces en mis piernas. Como los adolescentes suelen ser bastante observadores, enseguida aparecieron las primeras burlas y bromas respecto a mi condición como ser vivo. Mientras unos me decían que parecía un oso, otros más originales se acordaban de 'Chewaka' (personaje de Starwars) cuando me veían. La verdad es que no hacía falta que esos sacos de pus me dijeran eso para que yo me sintiese incómodo; a mi la verdad es que nunca me ha gustado la gente con excesivo pelo. Decidí depilarme tras un par de charlas con mi madre, ya con 16 años. Ella me recomendó ir al centro de depilación donde ella iba porque, al parecer, ya me conocían (seguro que mi madre ya les había comentado lo peludas que eran mis piernas). Pedí hora para ir una tarde de viernes; me citaron a las 20h, antes de cerrar. Me atendió una joven, de unos 25 años, muy simpática. Me hizo tumbar en una camilla y me dijo que intentase relajarme porque así dolería menos; "fácil de decir" pensé yo... Con las piernas desnudas, la chica esbozó sonrisa maliciosa y dijo: - Pues si que tienes pelos... -Si bueno, como Chewaka... -bromeé para disimular mi nerviosismo. La primera arrancada de pelos no se hizo esperar. No me hizo excesivo daño así que pensé que no sería tan terrible. En ese momento pensé en las mujeres y su manía de decir que la depilación dolía. Pero entonces la chica fue subiendo hasta llegar a la rodilla. Entonces sí que me dolió, y mucho. La chica de golpe se incorporó y dijo: -Un momento, ahora vengo. -¿Y eso? ¿Donde vas? -pregunté descaradamente. -A buscar a mi compañera, necesito que me ayude porque sino no acabaremos. Hay mucho pelo. Dios de mi vida, pensé, ¿y así cómo voy a relajarme?!. La compañera llegó enseguida y, tras unos segundos, se pusieron manos a la obra. Fue una batalla increíble, yo no sabía si me estaba doliendo o no porque cuando dejaba de arrancar una, la otra arrancaba en la otra pierna sin tiempo para quejarme. El único descanso fue lo que tardé en ponerme de espaldas cuando quedaba la parte de gemelos y muslos. Ahora entiendo un poquito más a las mujeres. Al final sobreviví y tras recoger las cosas y vestirme, las dos chicas me dijeron que la próxima vez no dejara crecer tanto el pelo. Desde entonces he ido más o menos regularmente. Hoy, con 22 años, sigo depilándome en el mismo sitio aunque ya no está ninguna de las dos chicas de mi primera vez. Nunca me han vuelto a depilar dos al mismo tiempo. Ahora creo que ha llegado el momento de ir más allá y plantearme la depilación láser, pero eso ya será otra historia que contar. |
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