La chica de hoy - Chuck(alicante) ¿Que te suena mi cara? Pues no sé, chica, tengo unas facciones muy comunes, aunque quizá me hayas visto antes en algún sitio. En el supermercado, en el centro comercial, en la facultad… Sí, yo estudiaba antes allí, hasta que me casé con el catedrático de… ¿Sí? Qué casualidad, mira que estudiar lo mismo… Era una carrera apasionante, con trabajo prácticamente asegurado en cuanto me licenciara, pero, mira por dónde, Cupido se cruzó en mi camino y caí enamorada como una colegiala de ese profesor… Tan atento, tan inteligente, tan romántico cuando quería y tan fogoso como un adolescente en la cama. Al principio todo iba bien, como suele suceder en estos casos. Me regalaba con toda clase de obsequios, salíamos casi todas las noches a cenar fuera o al cine, íbamos juntos a seminarios y convenciones… Era el sueño de una chica como yo. Pero no me daba cuenta de algunos detalles. Como el de que el tiempo no pasaba en balde para mí. Como que paulatinamente las salidas se iban espaciando y él pasaba cada vez más tiempo en la facultad. Como que lo que había sucedido una vez podía volver a pasar. Al final, mis sospechas se fueron confirmando y… ¡¡Tranquila, chica, tranquila!! No hace falta que te muevas de esa manera, las correas que te he puesto son lo suficientemente fuertes como para contener a un demente en pleno ataque de locura, y mucho me temo que ese cuerpo de niñata veinteañera no esconde la fuerza suficiente como para romperlas. ¿Te suena mi historia, verdad, cariño? Te suena porque es la tuya. No te preocupes, puedes gritar todo lo que quieras. Estamos solas tú y yo en la clínica… ¿Creías que te estaba haciendo un favor? ¿Creías que me quedaba un viernes hasta última hora para dejar ese cuerpecito bronceado tuyo sin vello con la suficiente antelación como para que tú y él os vayáis a pasar un romántico fin de semana a Venecia? Ay, cariño, qué equivocadita estás… Fue lo más fácil del mundo establecer vuestra rutina, porque, bueno, fue MÍ rutina cuando empezamos a salir juntos. Días alternos os encontrabais en el despacho donde el sofá da mucho juego y el morbo de ser descubiertos excita la libido hasta extremos insospechados. Cada dos meses había un seminario al que curiosamente yo no podía acudir, pero ya estabas tú ahí para que nadie sospechara que el pobre profesor había perdido su atractivo. No me resultó difícil seguirte después de que él se despidiera en el aeropuerto la última vez que salisteis de viaje juntos… Hace tres meses de aquello. Desde que te seguí hasta tu cuco apartamento en la ciudad universitaria que no necesitabas compartir con nadie porque él se hacía cargo de todos los gastos. Desde que localicé tu nombre en el directorio de estudiantes, tu currículum en el servidor de la universidad, tu página personal en Internet, tu perfil y gustos en esa red social en la que se acepta a cualquier que suene vagamente familiar como amigo… A partir de ahí, encontrar la clínica de estética a la que acudías invariablemente cada semana resultó extremadamente sencillo, y encontrar trabajo a cambio de un sueldo miserable y unas condiciones abusivas no fue difícil con mi currículo. Y aquí estaba cada semana, aplicando cera caliente sobre tu tersa y, no voy a negarlo, atractiva y joven y delicada piel mientras te convencía de las ventajas de la depilación láser. De su inocuidad. De su permanencia. De la oferta especial de tratamiento completo a mitad de precio que yo misma sufragaría con el mismo dinero que había comprado esos dos billetes para Venecia, esa cena de lujo en |
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