Saludos. Dirijo esta carta a cualquier sujeto que la descubra y quiera leerla. Con ella no busco auxilio, ni perdón, ni nada por el estilo. Simplemente quiero desahogarme y dejar una pequeña huella en éste mundo cruel, porque esto no es otra cosa que una nota de suicidio. Sí, querido amigo, cuando estés leyendo estas palabras mi existencia habrá pasado a la historia.
¿Que cuál ha sido el motivo de mi decisión? No, no ha sido depresión, ni deudas, ni desamor… simplemente me he hartado de sufrir. Me he quitado la vida porque yo, fiel lector, soy un pelo.
Ustedes deben suponer que ser un pelo es fácil, pero nada más lejos de la realidad. No todos tenemos la fortuna de nacer en una cabeza. No todos somos mimados con champús específicos, vitaminas que nos mantengan robustos, ni nos moldean dejándonos a la última moda para resultar de lo más atractivos y vistosos. Sólo unos pocos tienen la suerte de pertenecer a la burguesía. El resto, humildes plebeyos, tenemos que soportar malas miradas, insultos e incluso maltratos.
Y créanme cuando les digo que podría ser peor. Dentro de lo que cabe tengo suerte de haber venido al mundo en una pierna. No me quiero ni imaginar lo irritante que debe resultar ser ciudadano del sur, allá en el desfiladero de las montañas rocosas. O vivir en tierra de nadie, marginado y sólo.
Antes ser un pelo no estaba tan mal visto, al menos no en el cuerpo de un hombre. Es más, alardeaban de nosotros, éramos indicio de virilidad. Ahora las cosas han cambiado y nunca podemos estar tranquilos. Nos miran mal y yo personalmente me siento poco querido, sobre todo cuando tengo que escuchar cosas como que somos poco higiénicos.
Pero lo peor de todo son los maltratos recibidos. He visto y padecido auténticas masacres. Me han arrancado de raíz, me han ahogado en un mejunje viscoso y caliente, e incluso han llegado a decapitarme. ¿Y saben qué es lo peor? Que tras un escaso periodo de tiempo vuelvo a resurgir cual ave fénix. Como lo oyen. ¡¡¡Resucito una y otra vez!!!
Creerán que tengo suerte por mi supuesta inmortalidad, pero no, mis amigos. Ningún sentido tiene volver a nacer para volver a morir al instante. No lo soporto más. Ustedes no saben lo despiadado y doloroso que resulta ser torturado cada una o dos semanas. Nunca llegas a acostumbrarte.
Pero todo eso se ha terminado. Han llegado rumores de que nuestros vecinos del brazo no han vuelto a nacer, y ya hace varias semanas que se fueron. En un primer momento se creyó que se habían quemado a lo bonzo, pero parece ser que en realidad ha sido obra de un nuevo depredador. Un depredador de ojos resplandecientes que utiliza para disparar un láser fulminante. Tan fulminante que achicharró a nuestros compañeros sin piedad alguna y desde entonces no han vuelto a brotar. Tienen suerte. Ya pueden descansar en paz.
Ahora se comenta por estos lugares que nosotros, habitantes de la pierna, somos los siguientes. Muchos se las están ingeniando para tratar de sobrevivir, pero yo no. Yo me abriré camino hacia la luz y rezaré para que éste sea el final definitivo. ¿Que si tengo miedo? Nada de eso, mis queridos amigos, al fin y al cabo ya sabéis que es mejor quemarse que arrancarse lentamente…