relatos de depilación íntima

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HentaiClaudia - cecilia(bs aires)

Si alguien ajeno a lo que ocurre en los camerinos de depilación entrara inadvertido en uno de los boxes mientras se le depila a una mujer la tira de cola, podría pensar que se metió en un mundo donde el Hentai no es el nombre de un tipo de cómic sino la realidad.
Porque vería a una mujer acostada boca abajo en una camilla, con sus pantys por los muslos, separándose los glúteos con las manos. Y a otra mujer echándole cera donde no le daría el sol incluso si estuviera tirada en la playa completamente desnuda y con las piernas abiertas.
Pero nosotras siempre tuvimos nuestros ritos secretos de belleza, que admitimos sólo a nuestros íntimos, si es que lo hacemos. Y la depilación quizás sea la base fundamental de lo que hacemos para estar lindas.
Hace muchos años, una monja simpática me contó que cuando ella era joven las chicas se depilaban los brazos, no con cera sino con fuego. Encendían una vela y pasaban los brazos rápidamente sobre la llama para que los pelos se chamuscaran y desaparecieran.
También está el bigote, que en los lugares de depilación (donde hay listas en las que las partes del cuerpo tienen nombres a veces distintos a los reales, como los cortes en las carnicerías) se llama bozo. Hay distintas opciones para quienes no se enorgullecen como Frida de la sombra sobre sus labios. Según su frondosidad y las preferencias personales, se lo puede eliminar con pincita, con cera o aclararlo. Afeitarlo está prohibido, o debería estarlo. Porque cuando se afeita un pelo lo que pasa es que no se lo corta de raíz; y cuando crece no aparece una punta fina y delicada, sino gruesa, el tronco mismo del pelo. En el bigote esto no es bueno, porque justamente se magnifica lo que se quiere ocultar.
Axilas y piernas no son difíciles: se pueden depilar con cera, con epilady, con cremas, o se pueden afeitar... Acá hay libertad de acción y multiplicidad de criterios, y cada una recurre al método que prefiere, lo que le da el tiempo. Una amiga mía, a la vuelta de una cita que salió mucho mejor de lo esperado, le dijo al hombre que tenía que ir rápido al baño y se encerró durante quince minutos para rasurarse las piernas con la afeitadora de él. Chicas, ¡hay que estar preparadas para todo! diría una abuela previsora.
Incluso si vas a tener una cita hot, lo recomendable es depilarse tres días antes del día D. Eso leí un día en una nota que establecía un cronograma de pasos para seguir durante los catorce días previos a una cita romántica. Tres días antes del encuentro venía la depilación; esas 72 horas le dan a la piel la posibilidad de volver a su estado natural, en caso de que la cera la irrite. El día antes de la cita se recomendaba comer un buen plato de fideos para tener energía. El artículo era perfecto para quienes salen una vez cada seis meses y pueden dedicarle dos semanas de preparativos a cada encuentro.
Pero si estás en un día común, te depilaste todo en casa menos el cavado, porque eso es más complicado y preferís dejárselo a una profesional, es mejor ir a tu depiladora de confianza, que en mi caso se llama Claudia. Es importante que tu depiladora amiga tenga la habilidad de calcular bien la temperatura de la cera, sea dueña de un tirón certero que ayude a evitar el dolor. Y que sea simpática. Esto último, para mí, es fundamental. Porque si puedo reírme con ella ya todo el proceso me da menos vergüenza. Algo parecido a las monerías que le hago al dentista para alejar al miedo, pero con una parte diferente del cuerpo abierta.
Llegué a estar en esta situación gracias a una amiga que se rió de mí cuando se enteró de que no lo hacía. “¡Todas lo hacemos!” me dijo entre confidente y burlona. “¡Y pensar que la que marcaba tendencia siempre eras tú! ¿Qué pasó?". Pasó que ella todavía es soltera, parece una modelo, sale con muchos hombres y trabaja en el mundo de la moda, sabe qué se lleva y qué partes del cuerpo se depilan esta temporada. Y yo no. Pero si ya no marco tendencias, estoy dispuesta a seguirlas. Y no es que quiera ser una oveja, pero en ciertos campos no estoy lista para quedarme atrás.
La depilación íntima es un viaje de ida, así que una vez que lo hiciste es probable que lo hagas siempre. Es por eso que esta mañana estoy otra vez oliendo la camilla de Claudia, riéndome mientras ella me relata una anécdota al tiempo que casi me quema el culo.
Claudia me cuenta que antes de mí atendió a una chica que le pidió que le depilara lo mínimo indispensable. "Una línea nomás, nada profundo". Lo contrario que le pide la mayoría, que pretende que por el mismo precio le saque hasta los pelos del alma. Así que Claudia le pone cera con mucho cuidado de no pasarse de lo que le pidió la clienta, y la chica se tapa la cara. Pero no es por el tirón que todavía no dio, sino porque está llorando. ¡Llora! ¡Por la depilación de un cavado nada cavado!
Con la cera todavía enfriándose en la piel, Claudia le pide que no tenga miedo, que confíe en ella. Es la primera vez que la atiende y parece que la chica viene de experiencias traumáticas. Y eso que no se depila lo que el resto de nosotras. Durante la conversación y las carcajadas (porque Claudia me dice que cuando la depilan a ella grita y patalea tanto que siempre termina rompiendo el papel que cubre la camilla), noto que esta vez el proceso me resulta bastante doloroso, a diferencia de otros días en los que no siento nada desagradable.
“¿Será el momento de mi ciclo?”, le consulto. “Sí, para mí estas cosas son hormonales”. Y volvemos a las preferencias sobre estilos púbicos. “En verano me saco todo”, dice ella. “Pero en invierno me dejo un triangulito”, se ríe. Pelvis completa en verano, media pelvis para el frío.
“Claudia, creo que me estás sacando más que otras veces, por eso me duele”, descubro. “Uy, perdoname… Sí, tenés razón. Me distraje y no te dejé nada”, se ríe ella y creo que a esta altura somos amigas.
–Ahí voy. Uno, dos, tres.
–¡Ay!