relatos de depilación íntima

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Precuela de la hija pródiga - Constanza Mahaluf(venezuela)

 JACOBO

Sentado sobre su roca favorita, Jacobo trató de calcular las probabilidades de que todo saliera bien esta noche. Los resultados que obtuvo distaron mucho de ser alentadores. No había que ser un genio para darse cuenta de que era muchísimo más factible ver a Martin Luther King Jr. aceptando el cargo de Gran Dragón del KKK que esperar una velada de paz y reconciliación. Ante la pregunta ¿el vaso lo ves medio lleno o medio vacío? Jacobo hubiese respondido “ninguna de las anteriores”… lo único que podía observar eran trozos de vidrios esparcidos en medio de una enorme sequía.  Sin duda alguna la reunión iba a ser un total  fracaso.

Ante esta realización Jacobo cerró sus ojos y rezó con más fuerza de la acostumbrada. Le pidió al Señor toda la fuerza que fuese capaz de entregarle, sin duda alguna la iba a necesitar. En todos sus años como Amish nunca se había enfrentado a una situación tan empalagosa… ni siquiera en sus días de infancia, cuando su daltónica madre lo vestía de furioso rosado, había pasado tanta vergüenza. En tan solo unos minutos más la comunidad entera se iba a reunir para discutir con su hija Margaret las consecuencias de su reprochable conducta, y, en caso de que las cosas no fueran favorables, eso significaba que su pequeño retoño iba a ser aislada y sometida a la ley del hielo por todos. Él incluido.

¿En qué momento su adorada princesa se había convertido en un monstruo? La pregunta le carcomía el alma, pero, por más que revolviera en el cajón de sus recuerdos, era incapaz de señalar el momento preciso en el cual Margaret había dejado de ser una obediente criatura de Dios para transformarse en un insurgente torbellino adolescente. ¿Cómo alguien podía cambiar tan dramáticamente? Hasta el día de hoy era capaz de recordar la decepción que sintió cuando ella se negó a rastrillar las hojas caídas aludiendo a que esta tarea le podía arruinar sus uñas. O aquella fatídica noche que la había pillado en su pieza junto con una… televisión a pilas.

La ignominia inundó a Jacobo. Trató de decirse a si mismo que Margaret era solamente uno de sus ocho hijos, por lo cual su descarriamiento no era un fracaso total de su parte. Si contábamos a sus otros niños su efectividad como progenitor ascendía, aproximadamente, a un noventa por ciento. Desafortunadamente esta forma de pensar no le subió mucho el ánimo, así que decidió enfocar su mente en alguna otra tarea, razón por la cual fue a preparar el carruaje… además el sol ya se estaba poniendo y era hora de encaminarse  hacia la carnicería. Disculpen, reunión.

JOSÉ

Estrictamente hablando a la Iglesia Amish no le importaba demasiado la presencia, o ausencia, de Margaret. Ellos contabilizaban a su rebaño en número de familias, no en número de individuos. Sin embargo nunca era agradable tener que separar a alguien de sus seres queridos, por impío que haya sido su comportamiento. ¿Acaso Dios no le había otorgado a Jonás una segunda oportunidad? Toda la comunidad estaba consciente de este hecho. También estaban conscientes de que Jonás hubiese perecido de manera catastrófica de no haber sido por la ballena… un rol que, el día de hoy, le pertenecía a José.

José era, sin duda alguna, el hombre más sabio de de toda la comunidad. No por nada había sido elegido Ministro de la Iglesia por votación unánime. Un resultado que probablemente volvería a obtener en caso de que una hipotética, aunque implausible, reelección tuviera lugar. Todo el mundo lo respetaba, y con justificada razón. Sus dones como mediador de disputas eran alabados a lo largo y ancho del continente (una proeza bastante formidable considerando el escaso contacto que suelen tener los Amish con el mundo exterior). Y no era para menos; José era un hombre cuyas habilidades para aplacar los altercados hubiesen puesto en vergüenza al mismísimo Salomón. De hecho muchas personas opinaban que, de habérselo propuesto, él podría convertir a Osama en el asesor de relaciones públicas de George W.

Sin embargo, y a pesar de sus increíbles poderes diplomáticos, José temía por el debate que estaba por venir. Si bien estaba sumamente consciente de que los lazos de su comunidad eran robustos e inquebrantables, algo dentro de él le decía que este Titanic social estaba a punto de encontrarse con un iceberg llamado Margaret. Esa niña se había vuelto incontrolable y era bastante factible pensar que ni siquiera se iba a dignar a aparecer esta noche; ya estaban todos reunidos menos ella, quien probablemente había decidido llegar tarde para aumentar la tensión.

José oró en silenció y le rogó al señor  que todo saliera bien esta noche. Pidió por  Margaret con todo su corazón, ya que deseaba con toda su alma que ella se diera cuenta de que sus acciones eran abominables, una realización que la traería de vuelta al equipo de los buenos. Pero, al parecer, sus peticiones no fueron escuchadas. Desde la lejanía sus plegarias fueron interrumpidas por el ruido in crescendo que emitía, tal y como lo comprobó el horrorizado Ministro al mirar por la ventana, la Vespa en la cual estaba llegando Margaret.

MARGARET

Sentada en una increíblemente cómoda silla de madera, Margaret comprendía con total exactitud lo que estaba haciendo José. El muy astuto bastardo estaba intentando minimizar toda la situación para llegar a un pacífico acuerdo.

Margaret no podía permitir que eso sucediera.

Ella soñaba con ser una estrella de cine. En su futuro no había espacio para abonar la tierra diariamente. No era que no amara a sus padres, sin embargo no podía permitir que sus sueños se fueran por el excusado. Debía actuar rápidamente.

-¡Señores, por favor escúchenme!- dijo ella de manera realmente imponente – Según José ustedes son capaces de perdonarme absolutamente todo, pero tengo que contarles algo… solamente ayer he terminado mi tratamiento…. Me he hecho la depilación láser…

Suspiros y ojos aterrorizados llenaron la pieza. Los presentes no podían creer lo que acababan de oír. ¿Láser? Eso sonaba como electricidad pero un millón de veces peor. En caso de que los presentes hubiesen tenido conocimientos básicos sobre la energía nuclear, de seguro hubieran apostado a que era un acrónimo de La Asquerosamente Secular Arma Radioactiva.

- Esperen, aún no termino – prosiguió Margaret – Me he hecho la depilación láser ÍNTIMA.

-¡¿ÍNTIMA?! – Exclamó su padre horrorizado - ¿En contraste con que? ¿La depilación láser PÚBLICA?

Margaret supo instantáneamente lo que esto significaba. La comunidad la rechazaría sin lugar a dudas, por lo cual, tomando su chaqueta, se retiró del lugar. Mientras caminaba hacia su motocicleta se percató de que ahora estaba sola en el mundo, la comunidad ya no la apoyaría en caso de alguna emergencia. Sonrió.

 Por primera vez en su vida se sabía fuerte e independiente.