¿Y cómo escribir un relato técnico con tecnicismos que, hablando de algo tan pesado y engorroso como es la depilación no incluya un toque de humor?
Intentaremos ponernos serios.
Yo, hoy, planteo mi teoría, de que el ser humano termina acabando tal como empezó, o al menos en ciertos aspectos así me lo parece:
Nacemos tan pequeños, tan sin pelo, y con la piel sin vello, y digo yo que ¿no es así como acabamos?
Quizás no nos lo hayamos preguntado antes pero, cuando envejecemos, menguamos, no al tamaño de bebé pero teniendo en cuenta la altura de algunos no es una broma la comparación, repito que estoy siendo serio.
Los hombres, terminan tan calvos como al principio, yo me atrevería a decir que más, e incluso tan delicados de salud, que los resfriados nos afectan tanto como al nacer, es decir, tosemos y a urgencias.
A las mujeres, el vello que, tan engorroso nos ha sido, nos termina desapareciendo, ni el mejor laser del más experimentado laboratorio; el vello desaparece y no tienes que volver a la consulta, la piel queda tal como la de un bebé.
Pero en todo esto hay una diferencia: el pelo, parece ser que, enemistándose con la humanidad, termina desapareciendo por sitios donde años tras año las mujeres , y ahora, muchos hombres, hemos luchado por mantener fuera de piernas, ingles, brazos, labio... y aparece como por arte de magia en los orificios más inesperados, es decir, creo que mi teoría a abierto otra hipótesis: que el pelo que vamos perdiendo en realidad no cae, sino que se regenera, saliendo por los lugares u orificios mas antiestéticos e inesperados en los que, mientras que la ciencia avanza, la pinza suele ser la mas antigua y mejor aliada.
Así pues, mi teoría de la regeneración del pelo desaparecido y de la similitud del humano en la vejez con su infancia, queda relatada.