La pierna y la cuchilla (relato autobiográfico) - The Big Kahuna(bizkaia)

Era una tranquila tarde de otoño como otra cualquiera, pero algo me decía que aquel día todo iba a ser distinto. Algo nuevo estaba a punto de suceder. Algo que cambiaría mi vida para siempre. Puede que
para mucha gente fuera un simple acto cotidiano más, pero yo nunca lo había hecho, y claro, ya se sabe, cuando nunca lo has hecho... Pues eso, el miedo escénico, los nervios, el miedo a no dar la talla
con la Gilette... El caso es que al final me armé de valor y lo hice. Me dije a mí mismo: si no lo haces tú mismo, nadie lo hará por ti. Y antes de darme cuenta ya tenía en la mano la máquina eléctrica de cortar la barba y estaba recorriendo con ella la superficie de mi pierna izquierda, lentamente, con minuciosidad.

Al principio todo era sencillo. Luego, a medida que me adentraba en zonas más ocultas de mi extremidad inferior, la labor se tornaba más complicada, debido a la dificultad para trazar una línea de visión directa con la zona trasquilada. Las posturas eran cada vez más complejas geométricamente, pero de algún modo, con fe y con una buena inyección de autoestima por mi parte, logré completar tan ardua tarea. Lo logré. El bidet rebosaba de cadáveres de pelos negros, hasta hace poco adheridos a mi cuerpo, y ahora poco más que ruinas biológicas mutiladas por la cruel voluntad de su dueño, que los repudiaba, los desheredaba. Tan sólo hacía un cuarto de hora que había estado allí de pie, indeciso, dudando ante la posibilidad de lanzarme al ruedo con valentía y coraje. Y ahora estaba hecho. No había sido tan difícil.

Decidí entonces que llegaría hasta el final. Ya no había vuelta atrás. Puede que muchos piensen que, para ser la primera vez, fue muy atrevido por mi parte intentar completar el proceso entero, pero los que me conocen bien saben que yo cuando me pongo, me pongo. Lo vi claro mientras contemplaba aquella pierna plagada de motitas negras casi imperceptibles en la distancia, pero que representaban un desafío para quien desea ambiciosamente alcanzar la perfección. Aquella pierna, moteada y blanquecina, hinchada con las pútridas varices de mi destino, me retaba a continuar, a seguir avanzando sin parar, sin volver la cabeza. Ya no había nadie que pudiera detenerme. Agarré con decisión el bote de espuma de afeitar marca Gilette. Extendí con fuerza y con garra por toda mi pierna aquella sustancia blanca y espesa que manaba de mí por primera vez, todo lo que pude, sin detenerme, sin pensar, con los nervios aguerridos. En poco menos de dos minutos toda mi extremidad se hallaba bañada en aquella masa blanca y esponjosa, aquella gélida leche del destino. Sostuve firmemente la cuchilla Sensor Excel y comencé a recorrer con ella una vez más toda la zona exterior e interior de mi pierna. Mi mente se hallaba ya plenamente concentrada en esta profunda conjunción espuma-pierna, una comunión mística que elevaba mi cuerpo a un estado físico superior y me fundía con la llamada de lo Divino.

Exterminé, poco a poco, sin descanso, los últimos resquicios de vida capilar que se aferraban desesperadamente a mi cuerpo, en un último grito por su supervivencia. Ya no quedaba nada. Todo había desaparecido. Aquel estigma que me acompañaba desde mi pubertad, había sido por primera vez fulminado, sin que ya nadie pudiera volver a reubicarlo en su lugar original. Mi pierna relucía inmaculada como la de un niño, tal vez con ocasionales astros rojizos de sangre que dejaban testimonio de aquel cambio absolutamente histórico en mi vida. Eran las heridas de guerra de un hombre con valor que había llevado a cabo su proyecto. Y ahora allí se erigía, altivo, contemplando orgulloso su obra.

 
         
    Volver al listado  
 


Bases del concurso
  | | | | |