Querida hermana:
Soy consciente, desde que me fui a Turquía con mi enamorado te he abandonado. Los primeros meses te escribía a menudo prometiendote viajes de vuelta a casa que nunca hice, pero este exótico lugar me ha embriagado hasta el punto de casi olvidaros...
Quizas sea egoista escribirte ahora, más que por el tiempo que llevo sin hacerlo, por el motivo por el que lo hago; estoy metida en problemas. De sobra conoces ya mi lucha contra el vello, más que nada porque es genético y tu también padeces esta preocupación. Pues he de decirte que aquí entre otras muchas cosas encontré una... como llamarla... solución (aunque no se si este sea el término adecuado). Conocí una técnica que viene del antiguo Egipto, mejor que las pinzas, las cuchillas, las cremas, la cera y todo tipo de sugerencias del mundo moderno; el sugaring.
Se trata de una suculenta mezcla de azucar y limón cocinada a fuego lento, es tan sabrosa como útil. Esta sorprendente combinación da lugar a una especie de gel dulce y pringoso que se usa de forma muy parecida a la cera, pero que sin duda es menos dolorosa ya que no se coloca hirviendo sobre la piel, sino cuando ya está fria. Despúes no necesitas cremas ni ayudas de ningun tipo para que tu epidermis se reponga, no supone ningún sufrimiento ni para ella ni para tí. Yo lo llamo el Santo Grial de las mujeres velludas, aunque con el paso de las semanas me dí cuenta de que no era la panacea que pensaba porque mi rostro reaccionaba mal ante aquel coctel.
¿Qué iva a hacer yo ahora con el bigotillo? Ya que esta tierra me ha regalado tanto me puse a investigar y descubrí que unos científicos turcos aseguraban que bebiendo grandes cantidades de té de menta diariamente el vello facial caía por su propio peso. Ilusa de mí... me hice con un cargamento de té y me alimenté de él con una escoba en la mano esperando para barrer mis pelos después de que perdieran la batalla. Pero aquello nunca ocurrió; yo he perdido esta batalla.
Ahora hermana mía, tras varios meses de "tratamiento" me he convertido en una yonkie del té, la teina corre por mis venas en lugar de la sangre y no me deja comer, no me deja dormir, en definitiva no me deja vivir. Si aquí no hay tratamientos para los alcoholicos mucho menos para mí, una teinomana con barba y bigote. Por eso te pido que me saques de aquí, que me alejes del té y que devuelvás las bandas de cera fría a mi vida.
Te quiero, hermana.