D.Cápilo de Pelares y la Villa Rica de la Vellosía - Ernesto González(barcelona)

Breve relación de las aventuras de don Cápilo de Pelares y la Historia de la Villa Rica de la Vellosía

 

En el principio sólo había un paisaje vacío, árido; no había bosques, ni selvas, ni ciudades, ni creatura alguna, sólo había la lisa superficie, desierta en toda su extensión. Permaneció de este modo incontable tiempo, hasta que un buen día apareció el primero de todos, el pionero que cambiaría la faz del mundo; llamábase don Cápilo de Pelares. Fue él, como se ha dicho, el primero en llegar a estos lugares; miró a su alrededor y se alegró, pues por ser el primero todo aquel territorio pasó a ser suyo. Se decidió a sacarle el mayor provecho a aquella tierra indómita, a convertirla en fértil y exhuberante. Trabajó sin descanso de claro en claro y se llenó de júbilo al ver las primeras recompensas de su esfuerzo; mas poco le duró el gusto y en seguida se tornó en tristeza, pues cayó en cuenta de lo solo que estaba y de que no disfrutaría de su éxito, si no tenía con quién compartirlo.

Pero un buen día se encontró con Vellola, una joven muy guapa y agradable, Cápilo quedó prendado de ella al instante, pero no sabía cómo ganar su corazón; mientras pensaba en un plan, se presentó un competidor llamado Peleón; era alto y fornido, y de inmediato se lanzó a la conquista de Vellola, lo cual decidió a Cápilo a entrar en acción... en resolución, baste decir que de los rivales, Peleón parecía más cerca de quedarse con la joven, pero que ella, viéndose disputada por dos pretendientes, se volvía más inaccesible, y que los competidores estuvieron a punto de recurrir a la violencia, si no hubiera sido porque Velolla, suficientemente divertida y sin ánimos de ver ocurrir alguna desgracia, se pronunció en favor de Cápilo, conmovida por su nobleza, su timidez y su gallardía; él, por su parte, no cabía en sí de alegría, mientras que el perdedor aceptó la decisión con madurez, y desde entonces Cápilo y Peleón fueron grandes amigos.

Al poco tiempo se celebró la boda de Cápilo y Velolla, al tiempo que llegaban más habitantes a la recién fundada Villa Rica de la Vellosía, que así habían acordado nombrar al lugar en el que vivían. El mismo día de la boda se nombró a Cápilo alcalde, juez y autoridad máxima del pueblo.

La población continuó creciendo, al igual que la familia de nuestro héroe; el trabajo de los pobladores rendía sus frutos, y la súbita pujanza de la villa atrajo aún a más gente, entre ellos a bandidos, vagos y otras suertes de gentes indeseables. Lo cual hizo necesario que Cápilo tuviera que usar la fuerza a fin de mantener la ley y el orden; luego de algunos episodios difíciles, la paz retornó a la ahora pujante ciudad y don Cápilo de Pelares vivió los años más felices de su vida, al lado de doña Vellola y sus numerosos hijos.

Pasó el tiempo y el otrora desierto paisaje, ahora se encontraba superpoblado por una masa bulliciosa; numerosas ciudades habían sido fundadas en las proximidades de nuestra Villa Rica, todas las cuales crecieron de forma desmedida, hasta el punto en que ya no se sabía dónde terminaba la una y comenzaba la otra, volviéndose todo una sola mega urbe que lo cubría todo en su extensión. Para este entonces don Cápilo ya era un anciano, su esposa había muerto y él había dejado su cargo en manos de una nueva burocracia, más acorde a los nuevos tiempos, más corrupta; nuestro marchito caballero  miraba a su alrededor como había hecho años atrás, y sentía una mezcla de regocijo y profunda nostalgia; había cumplido su anhelo de cambiar aquel lugar inhóspito al que había llegado el primero, pero no estaba seguro de que hubiera valido la pena: ahora sus descendientes disfrutaban de lo que él había comenzado, pero no parecían recordar lo que había significado tanto esfuerzo y sacrificio, y se comportaban como chiquillos malcriados. Estos nuevos tiempos habían traído consigo nuevos problemas, todo el caos de las grandes ciudades que concentran a la población de las civilizaciones avanzadas en crisis.

Esos días también vieron la aparición de unos supuestos profetas que llamaban al pueblo al arrepentimiento y a cambiar su forma de vida, anunciando la llegada de un gran castigo que acabaría con la maldad de aquella corrupta sociedad. Pero todas las advertencias fueron en vano, pues la gente las consideró pregones baratos, producto del esoterismo y las supersticiones.

Pero un día fatídico apareció una señal en lo alto, una luz roja que en un principio era apenas un puntito casi indistinguible, pero rápidamente aumentó con una intensidad cegadora, las temperaturas se elevaron de forma alarmante; los sorprendidos habitantes de la Villa Rica y alrededores nada pudieron hacer para evitar el desastre, fueron todos erradicados de la superficie, calcinados por la luz justiciera.

El paisaje quedó vacío, desierto, inerte como en el principio d elos tiempos, antes del primer pionero y todas sus aventuras; y así quedaría por siempre.

 

Don Cápilo despertó, se encontraba en el paraíso; los justos, como él, habían sido recompenzados con una nueva existencia, en la que no tenían que estar aferrados a una superficie; Cápilo se reunió con su amada Vellola y con sus viejos amigos. En el paraíso de los pelos, todos eran libres, podían crecer sin límites y se movían de un lado a otro, llevados por el viento.

 

FIN

 
         
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