El afeitado luminoso - Blanca(madrid)

El afeitado luminoso
El dermatólogo me dejó claro que no podría afeitarme todos los días, así que por una vez , obedecer a un médico me dejaba tanta satisfacción como tranquilidad de conciencia. Así que venía afeitándome cada cuatro o cinco días. Lo suficiente –pensaba-para que la barba no creciera demasiado y, por otro lado, para que la piel tuviera su merecido descanso. Mi piel estaba contenta y yo también.
Pero un día en la oficina:
-Tano - me dijo mi jefe
-¿Qué?
-Esa costumbre tuya de no afeitarte...
-No es una costumbre, se trata de prescripción médica.
-Ya, claro, me da igual; en media hora te reúnes con el abogado de K.H.T. y no quiero ver ni un solo pelo en esa cara.
-Pero...
-No hay peros que valgan; en el lavabo de mi despacho encontrarás una maquinilla y espuma para afeitarte.
Y ahí estaba yo, afeitándome en el despacho de mi jefe; desobedeciendo a mi médico castigándome la piel y sin poder siquiera utilizar mi maquinilla.
Me estaba haciendo polvo, pero recordaba las palabras de mi jefe e intentaba un mayor apurado – otra pasadita, venga- me dije. No podía creer lo que veían mis ojos. Estaba brillando, estaba... luminoso, sí, luminoso como los neones de la noche, como una luciérnaga humana. ¿Cómo podía pasarme eso? Había apurado tanto, había raspado tanto la piel que la había encendido, como las chispas que se producen al frotar dos palitos.
Salí al pasillo para llamar a Jorge – Jorge era mi mejor amigo en el trabajo-, quizás el supiera lo que pasaba, quizás todo fuese cosa de mi imaginación.
- Pero...¡ Qué demonios! . Su carcajada resonó en todo el despacho. Pareces el fantasma amistoso de los niños, no, no, mejor, ya no eres Mister Proper ahora eres Don Limpio: “ no se conforme con un suelo limpio, exíjalo luminoso como Don Limpio –antes Mister Proper- ahora más luminoso que nunca.”
-         Ya basta, todo ha sido culpa del jefe, le dije bien claro que no podía afeitarme.
-         Pero, macho, tu no te has afeitado, tú te has sacado brillo...
-         Tienes que ayudarme, no me puedo presentar así en la reunión.
-         Pues no se me ocurre nada
Decidí marcharme a casa, con ayuda de una gorra y de una toalla pude salir del paso...
-     Se puede saber a dónde va – dijo mi jefe
-         Ahora no puedo explicárselo
-         Todo está preparado para la reunión, le estamos esperando.
 
Confuso, desorientado, salí a la calle. Cogí el primer taxi que pasaba y no saqué la toalla de la cara hasta llegar a casa. Tenía que dormir, si, eso era, al despertar todo habría cambiado.
Lo primero que se me pasó por la cabeza al despertarme, fue que había dormido con la luz encendida... no, la luz de la habitación estaba apagada.
Ha pasado ya tiempo y aquí estoy, trabajo en un circo. No volví al despacho y lógicamente me despidieron. Soy feliz, viajo mucho y tengo un carromato propio que comparto con la mujer barbuda, estamos pensando en casarnos. Pero, espera, sí, ¿estáis oyendo? :
- Con todos ustedes, el inigualable, el inimitable, el gran Tano, ¡ la bombilla humana ¡ Me disculpáis un momento, verdad, es mi turno.
       
     
 

 
         
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