A pesar de que por teléfono Manuel me había indicado pormenorizadamente como llegar a su casa,
pase bastante trabajo para lograrlo y me perdí varias veces, como era habitual en mí cuando se trataba
de cuestiones de tráfico al conducir un auto. Doblé equivocadamente y me ví obligado a recorrer y
desandar innecesariamente varias manzanas.
Cuando por fin detuve el coche frente al número 802 de la calle 24, no me imaginaba lo que iba a experimentar esa noche.
Me hallaba frente a una amplia casa de dos plantas con portal techado y rodeada de una baja cerca de barrotes torneados.
Para alcanzar la puerta de entrada debía desenganchar la portezuela de la cerca y ascender una corta escalera que atravesaba el jardín y conducía al mismo portal. Toque el timbre y pocos segundos después mi amigo me franqueo la entrada, mostrándose muy animoso y entusiasta con mi llegada.
Nos instalamos cómodamente sobre butacones de brillante cuero negro, entre los cuales había una elegante mesa de centro de cristal nublado, que se me antojo demasiado baja. Sobre ella se hallaba un bonito jarrón de porcelana con flores artificiales y un cenicero también de cristal. Pensé que el jarrón merecía algo mejor que aquellas flores de plástico.
La habitación, que constituía la sala, era amplia y abarcaba todo el ancho de la casa. Además de un práctico y funcional mueble multipropósito donde se disponían varios equipos electrodomésticos, destacaba en la pared de fondo de la sala una puerta de cedro de doble hoja que debía conducir al resto de la casa.
- Bueno ¿de que se trata? Cuando hablamos no me adelantaste nada- inquirió mi amigo.
- Tú sabes que mi esposa ya se encuentra en Madrid con nuestra hija. De esto hace tres meses y aun estoy aquí sin haber podido reunirme con ellas debido a demoras en los trámites de emigración. Sin embargo, no he desperdiciado este tiempo de espera y he estado trabajando. Hace unos días establecí contacto con una buena compañía alemana que esta dispuesta a darme la distribución de sus productos tanto para este mercado como para todo el territorio español.
- ¡Que bien! Me parece magnífico ¿como conociste a esa gente?
- Por mediación de nuestro mutuo amigo Raúl quien trabaja para dicha compañía desde hace varios años ¿recuerdas a Raúl?
- ¡Claro! Pero hace tiempo no lo veo. Pero bien ¿en que puedo ayudarte?
En ese instante se abrió una de las hojas de la puerta de cedro y penetro en la sala una mujer con un porte que me sorprendió sumamente. Al verla, una extraña sensación me recorrió involuntariamente todo el espinazo desde el cuello hasta la rabadilla ¡La mujer mostraba los pechos desnudos! Solo vestía un corto y provocativo pantaloncito de mezclilla.
De inmediato supuse que se trataría de un lamentable descuido de la mujer que quizás creyendo que no habría nadie en la sala, se movía cómodamente por su casa. Pero algo intuitivo me indicaba otra cosa y al inesperado impacto que me había causado tal visión de la mujer con sus senos al aire, se vino a sumar un insoportable rubor cuando pude reconocer que se trataba de Belkis, la esposa de mi amigo, a quien además yo conocía desde los años de estudiante del instituto de comercio.
Belkis portaba una bandeja con dos humeantes tazas de té y acercándose a la mesita de centro, la deposito suavemente. Todavía inclinada me alcanzo una de las tazas:
- ¿Como estas? ¿y tu esposa y la niña?
Evidentemente no se trataba de un descuido.
- Muy bien, estoy muy bien Belkis, gracias. Mi esposa también y la niña. Todos estamos bien ¿Y tú?- atine a articular tratando de concentrarme en la caliente infusión y aparentando que no estaba sucediendo nada extraordinario.
- Ella llevaba zapatos de vinyl transparente con tacones de aguja y se le veían preciosos los pies, pequeños y extremadamente cuidados, única parte de su cuerpo a la que me atrevía a mirar.
Mi Anfitrión intervino entonces a la par que tomaba su taza de té de manos de su esposa.
- Quítate eso- dijo en tono seco, señalando con un gesto de la barbilla hacia el pantaloncito, única prenda que cubría a la mujer, y luego repuso más amablemente-sabes que tenemos una apreciada visita hoy y debes ser buena anfitriona como tú sabes serlo. ¿Te acuerdas de él?
- Claro mi amor, como no voy a acordarme si estudiamos juntos durante tres años y discúlpame, no me percaté- añadió tocando el pantalón- ahora regreso con algo para merendar- y sonriendo cortésmente abandono la habitación.
Yo no quería mirarla cuando se marchaba pero la ineludible visión panorámica me sugería unas impresionantes piernas y unas buenas nalgas que desbordaban el corto pantalón.
Me recosté al respaldar del butacón y mirando a mi amigo, sin comprender qué estaba pasando, trate de obtener respuestas.
Manuel, percatándose de mi perplejidad, dijo:
- No te preocupes por nada. ¿Que pasa? ¡Todo está bien! Son cosas de nosotros. Por supuesto que no lo hacemos con todo el mundo, pero tu eres mi amigo de siempre, mi hermano y lo quisimos hacer. No te preocupes y sigamos con lo que decías de España.
- ¡No es cosa solo de ustedes! ¡Resulta muy incomodo para mi! ¿No te das cuenta? ¿Que haces?- replique sin reparar en sus últimas palabras- ¡Es tu mujer, tu esposa! Si fuera una prostituta o una mujer desconocida... ¡pero es tu esposa que además yo conozco…! ¡No tienes ningún derecho a aprovechar…!
Justo entonces se abrió de nuevo la puerta de cedro de las sorpresas inauditas y Belkis irrumpió otra vez en la habitación, igualmente portando una bandeja ¡Ahora se presentaba completamente desnuda! Su cuerpo estaba totalmente depilado. Esta mujer tenía una impresionante y abultado pubis cuya protuberancia destacaba especialmente al hallarse milimétricamente rasurado, efecto solo posible si se aplica la técnica de depilación por láser. Se acerco desembarazadamente, caminando con gracia sobre sus altos tacones de aguja, única prenda que impedía afirmar que su desnudez era absoluta.
Debo reconocer, a riesgo de no respetar a mi amigo, que en esta ocasión sí la observe detenidamente y sin reparos. Me llamó poderosamente la atención, como mencioné antes, desde el mismo instante en que ella irrumpió en la habitación, su voluminoso pubis absolutamente depilado. Nunca había visto a una mujer con un pubis tan marcadamente abultado hasta el punto que no creo que me alcanzase una sola mano para cubrírselo si hubiese deseado hacerlo. Pero Belkis no deseaba hacerlo. Ella se mostraba directamente, sin reparos, conocedora del impacto que causaba en mí su depilado cuerpo en carnes. Jamás me hubiera imaginado que Belkis estuviese íntimamente así, tan meticulosamente depilada, pues ello no es habitual en las chicas cubanas.
Me encontraba pues en una situación paradójica. Por una parte me avergonzaba mirar a la mujer desnuda que se encontraba frente a mí pero por otra comprendía que si mi amigo lo procuraba y ella se prestaba para la exhibición, no había ningún inconveniente en disfrutar del caliente té que me ofrecían.
Los tacones de aguja le hacían perfilar, al obligarla a arquear los tobillos, unas pantorrillas extraordinariamente bellas y unos macizos muslos. Ella se inclino nuevamente sobre la mesita y depositando la bandeja que contenía dos platillos con emparedados dijo:
- Miren, les traje un refrigerio ¿te gusta el sándwich cubano?- y me dirigió una mirada absolutamente natural, como si nada estuviese ocurriendo - lleva jamón de pierna.
- Si claro, mucho, me encanta el jamón de pierna - contesté.
Al reclinarse para deposita la bandeja sobre la mesita, sus senos quedaron frente a mis ojos. Eran tan pequeños como mandarinas y no pude evitar imaginar que si ella alzaba los brazos, prácticamente desaparecerían, quedando solo sus pezones. Verdaderamente fantástica. La mujer ofrecía un contraste irrepetible entre esas pequeñísimas mamas que poseía y el resto de su depilado cuerpo, tan voluptuoso y exótico.
- Gracias mi amor- dijo mi anfitrión ahora, como despidiéndola.
La esposa se incorporo y contorneándose sobre los tacones, se alejo hacia la puerta de cedro, sabiendo con seguridad que en ese momento yo no tenía ojos más que para mirarle el descubierto trasero, cuyas carnosas y blancas masas se movían rítmicamente. Hasta me pareció apreciar un erótico lunar estratégicamente ubicado.
Entonces, sin reconocerme a mi mismo, se me ocurrió decirle a mi amigo:
- ¿Por qué se va? Justamente quería preguntarle donde se había depilado de esa maravillosa manera todo el cuerpo y si había utilizado el láser. ¿Puedes hacerla venir nuevamente?
¡ Ahora Manuel fue el sorprendido…!