Lo que el pelo se llevó - Gema López Albendea(madrid)

¿Se acuerdan de la película Teen Wolf? ¿Aquella en la que un joven Michael J. Fox se convertía en hombre lobo adolescente? Pues yo era igual que él, sólo que en mi caso el pelo no paraba de crecer y, por supuesto, carecía de colmillos y garras. 

Por raro que pueda parecer, la gente me adoraba por ello: en el instituto era el puto amo. Todo el mundo me respetaba... ¡y no hacía falta que yo me hiciese respetar! (no sé si me entendéis). Hasta los matones besaban el suelo que yo pisaba. ¡No os podéis imaginar cómo ligaba! Cada fin de semana tenía una chica diferente colgada del brazo.
 
Pero donde mayor éxito tenían mis aires de Chewaka era en los conciertos. Mis matas de pelo (cabeza, brazos, piernas y barba) eran la envidia de todos los heavies de la ciudad, y mi soltura al agitarlas al son de cualquier temazo de Iron Maiden dejaba a todos con la boca abierta.
 
Sin embargo, había una persona que odiaba esa especial cualidad con la que yo había nacido. Una mujer maldita en la que yo confiaba plenamente y que me traicionó como hiciese Dalila con Sansón. Una mañana de sábado, mientras dormía después de una noche de farra sin igual, aquella vil fémina se abalanzó sobre mí y utilizó sus malas artes para dejarme más inconsciente de lo que estaba. Cuando me desperté, me encontraba en una habitación blanca y luminosa. Estaba atado de pies y manos, tumbado en una camilla, con unas gafas de protección y un láser apuntando a mi cuerpo. Fue entonces cuando pude ver su rostro.
 
- ¡¿Dónde estoy?!- pregunté desesperado- ¡Maldita seas! ¡¿Dónde me has traído?!
- Sólo quiero volver a ver tu rostro una vez más- contestó con solemnidad.
 
De repente, sacó una de esas maquinillas de cortar el pelo. Su continuo zumbido se convirtió en una tortura muy difícil de llevar, clavándose en mis oídos con la misma facilidad que un alfiler en la manga de una chaqueta. Intenté zafarme, esquivar sus rápidos movimientos, pero fue imposible. Empezó a esquilarme como si fuese una oveja sin que yo pudiese evitarlo.
 
- ¡¿Qué haces?! ¡¿Estás loca?!
- Si sigues moviéndote terminaré haciéndote daño.
- ¡Jamás dejaré que me arranques la dignidad!
- Pues si no quieres colaborar, tendré que hacerlo por la fuerza.
 
Mientras decía esto, una imponente mujer con bata blanca aparecía por la puerta.
 
- ¿Estamos ya preparados?- preguntó ansiosa.
- Dame un minuto- dijo mi captora, mientras sacaba un frasquito del bolso y me lo colocaba bajo la nariz-. Hijo, esto me duele más a mí que a ti.
 
Y todo se oscureció.
 
Cuando recuperé la consciencia estaba de nuevo en mi cama. Me levanté resacoso y mareado, pensando que todo había sido una pesadilla, un producto de mi imaginación. Me lavé la cara con agua muy fría para espabilarme y me miré en el espejo... El grito de terror se escuchó en tres manzanas a la redonda. ¡SÓLO HABÍA PELO EN CABEZA, PESTAÑAS Y CEJAS!
 
Desde entonces todo ha cambiado: ya nadie me presta atención, ni hombres ni mujeres; sólo los matones vienen a visitarme de vez en cuando para pegarme collejas. Ya no puedo fardar en los conciertos, y tengo que ver a mis grupos favoritos desde la última fila, en la línea inmóvil de los malditos de pelo corto que no pueden agitar melena alguna. Por eso me mantengo aquí escondido, en la oscuridad de mi cuarto, urdiendo propósitos de venganza.
 
Tampoco tengo madre desde aquella fecha, he renegado de ella. Su maquiavélico plan no ha hecho sino arruinarme la vida y he jurado al cielo y al infierno que pagaría por ello. No obstante, aunque la odio con todas mis fuerzas, sigo comportándome como el mejor de los hijos; no hay que levantar sospechas. El día menos pensado, cuando baje la guardia... ¡zas! ¡Acabaré con su estúpida colección de zapatos de Prada!

 
         
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