UNA FANTASÍA ... - JADE(valencia)

Sabía lo que hacía. Sus dedos sostenían la cuchilla y presionaban con movimientos rápidos y certeros. Tenía los pómulos muy marcados, y el cabello recogido en un moño, seguramente fue bellísima de joven, ahora rondaría los 70 años. Aclaró la cuchilla en un recipiente de agua templada y antes de proseguir separó un poco más mis rodillas que tendían a juntarse. Ya solo veía mi piel blanquísima, ni un solo pelo asomaba desde lo que yo alcanzaba ver de mi pubis. Cras, cras, cras, clap, clap, la cuchilla en el agua. Sentí como el filo pasaba por uno de mis labios, me quedé muy quieta.
 
Ella estaba totalmente concentrada en la acción, se notaba que lo hacía a menudo, eso me tranquilizaba, aunque no dejaba de ser una postura que me dejaba indefensa. Yo estaba incorporada en el borde de una cama, con el camisón subido hasta la cintura, sin dejar de mirar a la mujer que, entre mis piernas,  me depilaba con tanto esmero.
 
Intuía que se acercaba un momento especial, en la habitación contigua dos enanos muy curiosos preparaban mi baño. De nuevo, la cuchilla aclarándose, su contacto con el agua y luego con mi piel. Deseaba tocarme, ver cómo estaba quedando, pero… ya tendría tiempo para ello, mejor observar e intentar recordar qué hacía allí.
 
Algunos flashes, momentos... Subí al coche de Ed.
 
Ed no es su nombre real, pero me referiré a él de esta manera. Él condujo hasta las afueras. A los lados de la carretera parecían avanzar hacia nosotros los árboles. No sé si era consecuencia de la calada al porro que me pasó, pero sentía como si los árboles negros se abalanzaran con violencia contra nosotros, a veces alguna rama azotaba el cristal.
 
Estaba muy callado, tras un largo silencio que ya empezaba a incomodarme me preguntó si haría cualquier cosa por él. Claro, le contesté. Su sonrisa se convirtió en una especie de mueca,  comprendí que ese “cualquier cosa” era algo que no me imaginaba y que había caído en una especie de trampa.
 
La incertidumbre me causaba una mezcla de miedo y de excitación, ¿de que se trataría? Sin dejar de mirar al frente, su mano derecha se deslizó por mi muslo hacia arriba. Me había puesto una blusa de seda abotonada, falda de tubo hasta las rodillas con zapato de tacón y unas medias con liga, pero no me puse braguitas. Su mano acariciaba mis muslos despacio. Unos centímetros más arriba y rozaría mi vello púbico. Entonces me sentí algo avergonzada de no haberme puesto bragas, lo descubriría de un momento a otro…
 
Ya no recuerdo cómo entré aquí, a la fortaleza. Podía negarme en ese momento, pero si aceptaba, ya no habría vuelta atrás, por más que implorara que me dejaran salir de allí. Era mi decisión.
 
Las paredes de la sala eran de piedra, y el suelo estaba recubierto de alfombras. Un hombre de unos 40 años, quizás más, alto y espigado, nos preguntó si queríamos tomar algo. Parecía que conocía a Ed. No esperó la respuesta y nos ofreció una copa a cada uno, un whiskey con dos hielos en baso bajo. Odio el whiskey. Ed me cogió de la mano y se sentó en un sillón orejero, de piel negro. Me pidió que me quedara de pié, a su lado. El hombre de cuarenta años se sentó en un sofá enfrente de nosotros, a un metro y medio de distancia. Cruzó las piernas y empezó a hablar con Ed como si yo no existiera.
 
No recuerdo absolutamente nada de la conversación, me parecía que era tan ajena a mí… quizás hablaban de economía, o de unos problemas políticos, no sé, pero Ed recorría mi culo por encima de la falda al mismo tiempo que discutía fervorosamente con el otro hombre, como si su mano y su cabeza estuvieran desligados. El hombre mayor no parecía darse cuenta de nada, se encontraba enfrente nuestro y no veía la mano de Ed. Mi falda estrecha de tubo tenía una abertura en el centro en la parte de atrás, y Ed metió su mano y acarició de nuevo mis muslos por dentro. Separé mis piernas instintivamente mientras cambié la postura de mis manos apoyadas en el sofá. La conversación proseguía, di un trago a mi copa deseando que su mano ascendiera. Ed disimulaba a la perfección. El juego me estaba excitando mucho.
 
La mano de Ed ascendía muy lentamente, sus dedos acariciaban la parte interna de mis muslos, casi haciéndome cosquillas, y por fin, su dedo índice se acercó a la hendidura.
 
El dedo resbaló suave, envuelto en mi flujo, la voz de Ed cambió ligeramente, aunque siguió disimulando, pero yo noté como se resquebrajó por un momento.  Me contuve pero no pude evitar exhalar un pequeño gemido. Tosí para disimular y di un trago a la copa.
 
Sus dedos seguían deleitándome poco a poco, mojándose en la entrada de mi vagina y  deslizándose hasta mi clítoris, donde dibujaba círculos que me inundaban de calor. Deseaba que sus dedos fueran más rápido, pero él no modificaba el ritmo. Cada vez estaba más mojada, y el roce de sus dedos producía una sensación más intensa.
 
Estaban como discutiendo, acalorados. De nuevo en mi vagina, sus dedos, creo que dos, me penetraron muy lentamente, me apetecía moverme, me estaba deshaciendo por dentro, su lentitud me hacía desearle más y más. Sus dedos se introdujeron del todo y mi vagina se contrajo varias veces. Los dos callaron de repente. El hombre de cuarenta años se levanto y se volvió de espaldas para servirse otra copa. Ed saco su mano y se metió el dedo índice y corazón en la boca, chupándolos mientras me miraba a los ojos.
 
Esta mujer no sabe nada de español. Por sus gestos entiendo que quiere que abra un poco más las piernas. Ah, quiere que levante mis piernas y sujete con mis manos las nalgas ... no sé que dice, si sabe que no la entiendo, ah, que ya está, todo terminado. Por fin.
 
Frente al espejo me quito el camisón. Me veo muy distinta. Deslizo mi mano por mi vientre y me sorprendo acariciando una piel tan blanca y tan sumamente fina. Con una mano acaricio un pecho y con la otra recorro mi nueva piel, su suavidad me encanta, no deja de sorprenderme. En el reflejo del espejo veo a un enanito apoyado en el marco de la puerta que me mira. Mi baño ya está preparado.

 
         
    Volver al listado  
 


Bases del concurso
  | | | | |