Hace 10 años empecé a trabajar en una empresa farmacéutica, en concreto en sus laboratorios. En esta empresa había un control exhaustivo sobre los empleados y no se podía fumar, comer ni llevar cualquier cosa que pudiera provocar contaminaciones. Pero los fines de semana, la cosa estaba un poco más relajada ya que los jefes no aparecían. Un día nos dio a una compañera y a mí por teñirnos el pelo, y la cosa resultó divertida y genial. Total, que nos animamos y un domingo por la tarde (apenas había trabajo), decidimos depilarnos la una a la otra. Pusimos la cera a calentar en la campana extractora para que no oliera, por si entraba algún compañero a traernos alguna muestra para analizar, que no queríamos que luego fueran largando por ahí. Empezó a depilarme a mí las piernas, y nos reímos bastante imaginando la cara que pondrían si nos pillaran de esa guisa. Yo no me atrevía con las ingles, siempre me las hacía con cuchilla, pero ella insistió y cedí. Y nada más extenderme la cera en las dos ingles, se abrió la puerta y aparecieron mi jefe y otros dos encargados de la zona de producción. Cerramos la campana y me levanté como un resorte tapándome las piernas con la bata de trabajo que tenía remangada. Por lo visto había habido un problema en una zona de la fábrica y necesitaban urgentemente unos resultados. Y no se moverían de allí hasta ver que los diversos análisis dieran bien. Yo no sabía si reír o llorar, porque notaba cómo se me iba pegando la bata a la cera que todavía estaba templada. Y luego, durante dos horas estuve sin parar de trabajar con todo aquel emplasto pegado a mis ingles que me tiraba por todas partes, y que se iba cuarteando por momentos. Tenía miedo de que empezaran a caer trocitos y apretaba las piernas con fuerza ¡Qué andares tenía! ¡Qué dolor! Y yo no paraba de pensar: ¡Por Dios, por Dios que no se enteren! ¡Que no me echen por esto que me muero de la vergüenza! Porque es muy triste ser una interina, pero más triste aún es ser una despedida escocida, que no os podéis ni imaginar cómo me quedó la zona en cuestión cuando pude, por fin, quitarme todo aquello…