La aventura inglesa de Peluchona - Peluchona(cantabria)

Verano de 1982. Me fui a Inglaterra a aprender inglés, a casa de una señora llamada Pearl Harops en Bournemouth. Era el típico chalet inglés con un jardincito coqueto al que daba mi habitación.

Una semana después de mi llegada, decidí depilarme las piernas.

Antes de seguir con mi relato, debo decir que me depilo desde que mi madre logró convencerme a los 15 años.
-        Hija, aféitate esos pelos en las piernas, por favor, es horrible.
-        Mamá, si me los afeito me saldrán cañones, no lo dejaré jamás y es un rollo patatero. Prefiero decolorarme.
-        No, no, que te decoloras, pero les pelos siguen ahí. Anda, hazme caso.
Si entonces hubiera existido el método por láser, no lo hubiera dudado pues las féminas de mi familia estamos convencidas de que descendemos del mono, vamos, que todas somos monísssimas.
En el cole me llamaban “Peluchona” cariñosamente…
Empecé utilizando un método abrasivo, unos discos llamados Milo´s - ¿sería por la Venus…? - , algo horrible que ya practicaban los griegos, como una lija o una piedra pómez, método pesado y cruel que me abrasaba la piel pues la tengo muy delicada, sobre todo la parte de las ingles, donde veía las estrellas; después de depilarme, casi no podía andar del escozor.
Si se me juntaba la depilación con las compresas de la regla y el calorcito del verano, aquello ya era una verdadera tortura. Luego, me pasé a utilizar la maquinilla de afeitar mientras me duchaba, que era más rápido pero a veces algo sangriento: el agua sonrosada en la bañera me recordaba la famosa escena de “Psicosis”. La parte más peligrosa era la pantorrilla que solía acabar con una buena tajada. Llegué a tener infecciones y parecía un cristo, así que el remedio era peor que la enfermedad. Finalmente, cuando mis tropecientos cañones de Navarone me obligaron a depilarme a diario, porque si no lo hacía pinchaba más que un erizo cabreado, me cambié a la cera caliente ya que la fría no me arrancaba ni un pelo.
Prosigo con mi relato depilatorio durante mi estancia en Inglaterra…
 
Calenté la cera en la cazoleta y me fui con ella a mi pequeña habitación. Me senté en el borde de la cama y puse la pierna derecha sobre un pequeño taburete. Con la espátula de madera me extendí dos buenas tiras de cera en el muslo, ¡pufff!, ¡estaba más caliente de lo que pensaba!
De repente, la puerta de la habitación se abrió y una cosita peluda se abalanzó sobre mí.
-¡¡Nooooo!!
-¡¡Guau,guau,guaaaauuuuuu!! ¡Grrrrrr!
En menos que canta un gallo, me encontré con la barriga peluda del pequeño caniche blanco de mi patrona pegada literalmente a mi muslo derecho, mientras que la cazoleta con la cera caliente saltaba por los aires para ir a aterrizar en mi cabeza…
Chooky – ese era el nombre del perrito – ladraba furibundo e intentaba despegarse mientras me clavaba las patas en la parte baja del muslo.
-        ¡¡¡Aaaaagg!!!
-        ¡¡Grrrr!!! ¡¡¡Guau, guau, guau!!!
Los dientes del animalito estaban cerca de mis ingles…
Mrs Harops no tardó en aparecer al oír mis gritos y los ladridos de su mascota; boquiabierta, comprobó horrorizada la escena. No daba crédito a lo que estaba viendo. Se echó las manos a la cabeza gritando algo que no entendí. Acto seguido, agarró a Chooky por donde pudo y comenzó a tirar de él con tremenda  desesperación.
-¡¡Guaaaaauuuuuuu!! ¡¡Grrrrrrrr!!
-¡Aaaayyyyy! ¡Señoraaa, no tireeee! ¿No ve que me hace daño y el    perro me va a morderrrr? ¡Aaaayyyy! ¡Please! ¡Mrs Haaaarops!
 
Yo no sabía a qué atender. Me faltaban manos para librarme de todo lo que se me había venido encima. Quería sujetar las patas del caniche, cerrar su boca para que no me arreara un mordisco, apartar a Mrs Harops, quitarme la cazoleta del pelo…
Entonces hizo su aparición una vecina que se unió al coro de alaridos y ladridos, y un niño de unos 7 años que empezó a soltar carcajadas mientras saltaba muy divertido, ¡sería cabroncete!
La vecina se asomó a la ventana.
-        ¡¡Help!! ¡¡Heeeeelp!!
Es lo único que pude entender.
Chooky se me hizo pipí encima, no sé si por los nervios o porque era su hora.
La cara de Mrs Harops estaba cada vez más congestionada y yo seguía sin comprender nada de lo que decía. Parecía que me estaba insultando, así que mejor era no entenderla.
Otro personaje se iba a sumar a la escena.
Era un bobby corpulento con un gran bigote; se plantó en medio de la habitación analizando todo con la típica flema británica.
El niño seguía pasándoselo pipa y no paraba de saltar.
Vi que el poli hacía una llamada; luego se acercó a mí tras conseguir apartar a mi patrona y a la vecina.
No sé cómo se las apañó para quitarme el caniche de encima, pero el caso es que lo hizo con gran pericia y delicadeza. Sólo noté un tirón seco.
Llegaba más y más gente, ¡qué vergüenza!…
La parte superior de mi pobre muslo estaba toda colorada y ¡depilada! Me quité algunos restos de cera ya fría con las uñas.
Mrs Harops, muy nerviosa, cogió a Chooky e intentó despegarle la cera de la barriga: el animalito la pegó un buen mordisco en un dedo, se lanzó al suelo y quiso salir de la habitación, pero se había congregado tanto curioso en el pasillo que no pudo escapar.
El repelente niño iba a reventar de la risa, ¡maldito enano!
-        ¡¡Stupid boy!!
Eso sí que lo entendí, ¡bravo por Mrs Harops! Le cogió por las orejas, pero el maldito chaval la pegó una patada y… entonces ocurrió algo formidable:
Un bombero armado con su manguera asomó su cabeza por la ventana. Primero dirigió el chorro a mi muslo y luego contra aquel pequeño monstruo despiadado, ¡qué puntería!
-        ¡¡Bieeeeennn!!
La gente aplaudía, aunque Mrs Harops había quedado empapada también.
El frescor del agua me alivió el dolor unos instantes.
La reacción del niño nos sorprendió a todos: se quitó la ropa y siguió saltando y vociferando en cueros.
De repente, un flash me deslumbró, ¿sería posible?:la prensa había llegado, ¡cómo no! Unos cinco fotógrafos asomaban por la ventana; sus objetivos apuntaban a mi muslo enrojecido y magullado a medio pelar, ¡¡noooooo!!, y también a mi cabeza coronada por la cazoleta, snifffffff. Me tapé la pierna con la colcha, pero ya era tarde: iba a aparecer en los periódicos, tal vez en “The Sun”.
Me encontré de pronto con un micrófono casi metido en la boca mientras un jovencito pálido, delgaducho y con gruesas gafas me preguntaba algo, algo ininteligible para mí.
-        I don´t speak English.
¡Me acordé de esa frase salvadora!
Al amable bobby le costó librarme de la prensa, aunque seguramente mi muslo se haría famoso, ¡hijos de la Gran Bretaña!
-        Siñorita, ¿mucha pena?
¡Vaya! El poli sabía algo de español.
    -¡Sí, sí, digo… yes, sí! ¡ Mucha pena, sí, yes, yessss! Please, diga a los fotógrafos que no publiquen esas fotos.
- Mí entender sólo poco de españolo, sorry, siñorita. Ambulancia venir por pierna pronto.
¡Ambulancia venir por pierna! ¿Sólo por la pierna? ¿Me la iban a cortar…?
 
Uuuiii ¡Uuuiii! ¡¡Uuuiii!!
 
La sirena sonaba cada vez más cerca.
En pocos segundos me vi tumbada en una camilla, menos mal, y ¡yo iba con mi pierna!
El repelente niño, desnudo, salió a la calle dando saltos. Se lo agradecí porque atrajo la atención de los fotógrafos.
Me sentí aliviada dentro de la ambulancia. Mrs Harops estaba allí con su dedo corazón vendado, todo tieso, jejeje. Chooky estaba dormido en su regazo; seguramente le habían puesto un calmante.
Mi patrona me miró enojada primero, pero luego soltó algo en medio de una enorme carcajada mientras levantaba su dedo vendado hacia los curiosos.
-Siñorita pronto buena.
Mi amable bobby estaba allí para despedirme.
-        Mí contento ayudar. Pierna beautiful !
-        Thank you, thank you, muchas gracias, pero pierna no beautiful, ¡está horrible!
-        - No horrible, beautiful !
Me guiñó un ojo antes de que los enfermeros cerraran la puerta.
 
El dedo de Mrs Harops se curó enseguida.
A Chooky le pelaron toda la barriguita.
Mi muslo apareció hasta en la tele.
Me tuve que cortar mi hermosa melena cuando me desincrustaron la cazoleta con la cera de la cabeza.
Me ofrecieron unas cuantas libras para salir en un programa de sucesos con un intérprete, pero rechacé la oferta.
 
Después de aquella traumática experiencia juré por King Kong no volver a depilarme con cera.
Estamos en el siglo XXI y ¡existe el láser! ¡Bendito sea!
 

 
         
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Bases del concurso
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