La leyenda de la reina de Saba - Mariana Ruiz((bolivia))

Mi madre siempre me contaba la leyenda de la reina de Saba, que no podía conseguir marido, a pesar de ser bella como la noche y rica como ninguna. Se divertía en explicarme cómo fue a visitar al Rey Salomón, para ofrecerse en matrimonio. La reina más poderosa de la tierra, junto al rey más sabio de todos los tiempos. Perfectos, quizá, el uno para el otro.

 Pero al rey le llegaron rumores, decían que la reina tenía patas de cabra y que en realidad era hija de un súcubo y una hurí del desierto negro, que sus riquezas eran falsas y su belleza sólo un encantamiento. El rey Salomón no se dejaba llevar con facilidad por los rumores -por algo era un rey sabio, y prudente- así que ignorando los asustados susurros de sus visires y cortesanos, la invitó a visitarle.

La entrada al palacio fue majestuosa, con elefantes blancos y nubios cargando bandejas de oro y plata, mujeres danzando y banquetes en cada salón del palacio. Eso sí, el último salón estaba cubierto con un reluciente espejo. Todo el que caminaba sobre él se reflejaba entero, de pies a cabeza, el efecto era de una resplandeciente suntuosidad. Al centro, en un trono doble que parecía conectar al rey con el centro de la tierra y, por un maravilloso efecto óptico, con el cielo que se vislumbraba a través de una claraboya redonda en el centra justo de la bóveda real… esperaba Salomón.

Entra la reina de Saba, rodeada por su poderoso séquito de cortesanas y bailarinas, es morena –su piel es parecida a una especia costosa- es hermosa, sus ojos parecen dos esmeraldas. Con garbo, se aproxima al rey, su falda vaporosa revelando sus piernas, que se reflejan en el piso de cristal.

El rey Salomón oculta una sonrisa. El espejo acaba de demostrarle que la reina de Saba no tiene patas de cabra, ni es engendro del demonio. La recibe con una encantadora reverencia, y le comunica que el banquete nupcial será en tres lunas. La halla perfecta para él, y se alegra de poder hacerla su esposa.

El único requisito es seguir el rito de purificación prescripto por los sabios de Palacio. El primer paso es un baño de leche tibia, el segundo un baño de cera caliente con miel para sus piernas y brazos, el tercero, un baño de aceite.

La reina de Saba se somete encantada, y aunque el baño de cera es doloroso, y en él se le queman y desaparecen los rizados vellos que cubrían por completo sus extremidades, haciéndola parecer un animal de pelo hirsuto y suave, el sacrificio es mínimo.

Y Salomón y su reina tienen una fabulosa luna de miel, que quedará en la historia… como la primera depilación hecha por razones de política internacional, y de buen tino.

¿Cómo terminaba mi madre la historia? Mientras acercaba la cera caliente a mi pantorrilla, entre soplido y soplido para que se enfriase, decía:

¿Quieres casarte con un rey? Depilate.

 
         
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