¿Mi historia sobre la depilación? Bueno… no sé si debería… ma’ si, total. Pero aclaro que no voy a usar los nombres verdaderos para no herir sentimientos, aparte de ello todo lo que voy a decir es cierto.
Todo empezó cuando me mire en el espejo de mi habitación, lo que veía era impresionante buenos músculo, un excelente bronceado a tonalidad de la época otoñal, corte de pelo lo suficientemente largo sin llegar a sobrepasar la zona final del cuello. Llámenme narcisista pero era el hombre perfecto. Cuando me doy vuelta para mirar mi espalda… desde un instante hubo algo que no me gusto, al perfecto bronceado había una zona negra que desentonaba con el resto del cuerpo… eran los pelos del culo. Aquellos malditos salían de mis moldeados glúteos solo para arruinarlos, no cumplían ninguna función, no tapan poros visibles como la barba ni un pecho desinflado como los pelos de esa zona, ni hacían un poco mas serio a mi amigo el comandante en el lado opuesto de estos malditos pelos traseriales.
Intente peinarlos un poco, pero no funcionaba, para cualquier lado que los llevaran seguían siendo molestos para la vista. También trate de darles una función tapando algunas imperfecciones de mi cara trasera, no tapan lo suficiente. ¡Hasta intente darles un look punk parándolos y despeinándolos! Era lo mismo, parecía un culo rebelde y feo. No, peinarlos no era la solución, hiciera que lo hiciera seguían distrayendo la atención de mi hermosa espalda moldeada. Debía tomar decisiones más drásticas.
Tome la tijera, gire mi espalda lo mas que pude, tome algunos pelos con mi mano y con la otra di un rápido tijeretazo a la zona. En la rapidez del corte no apunte bien y termine con un dedo cortado y la tijera con sangre. Después de las curaciones pertinentes volví a intentarlo, esta debería hacerlo bien: tomarme mi tiempo, apuntar y cortar a los malditos. Con la espalda doblada volví a tomar a los rebeldes, acerque lentamente la tijera… la introduje donde estaban los pelos, mire bien. Ahora eran míos, ya podía verlos en el suelo, viendo desde abajo como me reía… ¡ZAC! Me rebane parte del culo. En mi afán por verlos derrotados no vi que había mas allá de ellos, los corte pero también me corte parte de las nalgas. Cinco pelos contra un trasero y un dedo lastimado. Las tijeras no iban a funcionar, necesitaría ayuda de un profesional.
-Gordo, necesito ayuda.
Le pedí ayuda a un amigo. Sabia que necesitaba una depilación pero no quería mostrar mi agujerito a un desconocido, y menos a mi depiladora regular (me depilo el pecho… si voy al gimnasio es para que se vea, no para ocultar el resultado de mi trabajo) a quien intentaba invitar a salir. No quería invitarla a tomar un café mientras me depila el trasero. Así que le pedí ayuda a un grande, el Gordo Fiambrin, llamado así por su afición al jamón mortadela y a la paleta sanguchera.
-¿Qué haga que?
-Que me ayudes a depilarme el culo, gordo.
-Vos estas en pedo. Primero no quiero verte el culo. Segundo, ¿no te enseñaron que con esos pelos no se juegan? Son pelos que nacieron para morir ahí. Y tercero, no te quiero ver el culo.
-Dale, gordo, ¿Cuántas veces te saque de un problema, cuantas me debes?
-Estamos a mano, lo estamos desde que te presente a Carla.
-Cierto… bueno, haceme este favor y te compro 300 gramo de mortadela y 200 de bondiola.
-Paleta sanguchera, mas el pan y la coca.
-Bueno.
-Bueh, pela el culo que vamos a cortar.
-Para gordo, ya que te voy a pagar nada de tijeras. Vamos a hacer algo definitivo.
-¿Qué tenes en mente?
-Tengo la cera y la cinta que nunca use y el laser para depilar. Dicen que la cera…
-Mejor el laser, ¿no?
-Dale.
Fue medio difícil desnudarme frente a un amigo como el gordo, digamos que ambos conocemos el cuerpo del hombre pero una cosa es saber lo que tiene un amigo y otra es confirmarlo. Pensé en como se vería mi espalda sin ellos muchachos y me saque la bata. Por un segundo pude ver la admiración del gordo a mi cuerpo, no era envidia, era admiración ante un cuerpo bien cuidado, esculpido por un fino artesano del cuerpo humano. Al otro segundo el gordo puso cara de asco. Hombres son hombres.
-Date vuelta y hagamos esto rápido.
Cumplí las órdenes.
-A ver, inclínate. Bien, ahora agarra de los dos lados y tira, dale que tengo que ver… ¡AGH! No estires tanto.
-Perdón.
-Ahora si.
-Gordo, ¿seguro que sabes manejar el laser?
-Totalmente, de chico tenia uno para señalar.
Empecé a sentir cierto ardor en mi trasero, como si una estucha estuviera encendiéndose cerca mío.
-Arde un poco.
-Y claro que tiene que arder, ¿con que te pensas que mata al pelo? Lo quema con la potencia del laser.
El calor era cada vez más fuerte, no era insoportable pero ya estaba produciendo cierto malestar en mí. El calor se intensificaba.
-Mierda… ¡se quema!- dijo el gordo antes de apagar el pelo quemado con una cachetada. El calor se termino enseguida pero ahora tenia todo el culo dolorido por el golpe del gordo intentando (con éxito) apagar el pelo que empezó a quemarse por el laser.
-La put…
-Disculpa, ¿Qué sabía que había un tiempo para hacerlo? Date vuelta y lo…
-¡No! Probemos con la cera mejor, ya conozco los mitos sobre el dolor pero avanzamos años luz en la tecnología, seguramente ya no causan dolor, son lo perfectamente adheridas para quitar el pelo sin provocar dolor.
-Totalmente.
Volví a inclinarme, el gordo tomo el pote de cera y empezó a desparramarlo por la zona peliana de mi trasero.
-Me estas metiendo cera en el culo, gordo.
-Disculpa es que es la zona más conflictiva.
-Tranquilo con esa zona que quiero llegar al final con la valla invicta.
-Fuma… che, ¿esto no hay que calentarlo antes?
-Medio tarde te acordaste. No importa, no quiero nada mas caliente en la zona por el momento.
-Pongo la cinta.
Sentí las manos de mi amigo insertando la cinta cuidadosamente en cada centímetro de mi nalga, ya podía imaginar como esos bastardos serian eliminados de la faz de mi trasero. Oh, si, mi espalda terminaría en una leve erupción de nalgas perfectamente acopladas en un cuerpo por igual perfe-
Cuando desperté el gordo me conto que al sacar la primera cinta primero grite y pegue un salto de un metro, aunque podría haber sido mas largo si no chocaba contra el armario. El golpe y el grito debieron desmayarme. También me dijo que estuve desmayado tres horas.
-Menos mal que todo termino, me desmaye y rompí el armario pero a un justo precio, no mas pelos.
-sobre eso te quería hablar. Como tenia miedo de que te haya echo mal, no te saque los otros pedazos de cinta.
-Gordo…
-¿Qué?
-Trae agua… la cinta se debe despegar con agua.
La cinta salio fácil, lo que no lo hizo fue la cera. Al estar fría se pego a los pelos que estaban ahí. Intentamos con agua caliente pero la cera se extendió hasta mis pobres huevos. La situación se hizo insoportable cuando tenía ganas de ir al baño. Al final el gordo tiro agua hirviendo y con una espátula la quito. Creo que nunca había grito tan fuerte en toda mi vida. Los vecinos llamaron a la policía y tuve que invitarlos con el fiambre del gordo. Ellos comían y yo me ponía hielo en las nalgas.
Ahora soy un tipo feliz, ya no voy mas al gimnasio ni me importa como luzco, simplemente me cuido de la mala alimentación y mantengo un buen peso. Es que después de ver lo que le hace un laser y cera fría a la piel… no hay perfección ni pelos que lo cubran.
¡Vivan los pelos!