mis dos primeros intentos de depilación - alejandra martínez bustos

Yo siempre he tenido mucho vello, por decirlo de alguna manera, así que desde muy pequeña tuve complejo por ello: siempre iba con pantalones largos para disimular el vello de las piernas y intentaba decolorarme el de los brazos, el bigote y el entrecejo, pero el resultado era peor que dejarlo tal como era, así que me fijé en qué hacía mi madre para quitarse el vello de las piernas y la imité. Y así fue como un día me encerré en el baño, cogí su gillette y empecé a destrozarme literalmente las piernas, sí, sí, tal como lo digo, porque aquello no era una depilación, era una carnicería, de tantos cortes que me estaba haciendo. Pero eso no fue lo peor: al percatarse mi madre que tardaba tanto en el bañó empezó a llamarme. Por supuesto que yo no quería abrir, porque sabía la bronca que me iba a caer y así fue. La bronca fue descomunal, tanto que nunca más intenté torturar a mis pobres piernas ( y suerte tuve de no empezar por el bigote o el entrecejo, ¿¿¿sino que habría sido de mi pobre cara!!!) hasta que descubrimos la cera, y aquí viene mi segundo intento en el mundo de la depilación.

Para mi 13 cumpleaños mi madre me regaló un aparato de cera caliente y claro está, había que probarlo. Yo estaba contentísima, porque por fin podría quitarme ese antiestético vello y poder lucir faldas, vestidos y como no, el bikini. Así que mi madre se prestó a ayudarme: calentamos la cera y me aplicó una abundante y larga tira de cera (fijaos en que digo abundante y larga tira de cera) en las piernas, esperamos a que se enfriase y ...... a partir de aquí vino el problema. El primer tirón  o mejor dicho parte de él, porque no dejé que mi madre continuara, fue tan doloroso que no la dejé acabar, empecé a llorar y a patalear y claro está, la cera ,ya demasiado fría, empezó a quebrarse y el poblema estuvo luego en conseguir quitarmela trocito a trocito, es decir, una tortura.

Ahora me rio pensando en estos dos episodios de mi vida relacionados con la depilación pero en su día lo pasé mal, muy mal. Por suerte está superado.

 
         
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