Los pelos eran una obsesión, máxime cuando las depilaciones más o menos duraderas (que no definitivas) como la cera o la crema no te funcionan porque los malditos pelos se te quedan dentro de la piel. Total, que llega el dermatólogo y te dice que te olvides y que te depiles con cuchilla ... ¡que os voy a contar que no sepáis! ¡ESCARPIAS!
Tal era mi obsesión que os relato lo que me pasó un día en Madrid : Iba yo en mi moto con tan mala suerte de sufrir una caída bastante espectacular (pensaréis que qué tiene esto de divertido) pues bien, cuando me levantaba del suelo y la gente me gritaba ¡no te quites el casco, no te muevas, etc, etc,! en lugar de pensar si me había roto algún hueso, solo podía pensar ...¿ESTOY DEPILADA? Vamos, que en la ambulancia pedí un rasurador y me fuí depilando hasta llegar al hospital. Quien no ha soñado alguna vez en sus peores pesadillas si estaríamos depiladas o con las bragas sexys en caso de lo que sea ... Por cierto, solo fue un esguince.
Aquello fue la gota que colmó el vaso ... ¡Hasta aquí hemos llegado, pensé! Y aquí estoy, depilándome en Corporación Capilar, todo lo que puedo y más, contentísima y sobre todo impecable a todas horas y despreocupada para los restos. ¡Es lo mejor que he hecho en mi vida!