Cuando conocí a Carlos por primera vez, me llamó la atención la fijación que tenía por analizar el pelo de la gente, era su manera de conocer a alguien, miraba su pelo y después emitía un juicio personal, basado únicamente en la estructura de su cabello y en cómo se comportaba ante situaciones adversas, si se encrespaba ante la lluvia o perdía su fuerza en primavera, todo un estudio digno de un profesional.
Pero lo que más me asombró fue cuando un día entre en su cuarto y encontré todas las muñecas de su hermana, tumbadas en la cama, sin bragas y mostrando sin ningún tipo de pudor sus asexuales y pintarrajeados genitales los cuales habían sido intervenidos violentamente. Parecía un tipo de ritual catárquico tras el cual las pubérticas Nancys y Carlos habían establecido una extraña relación y habían creado una atmósfera que velaba los deseos más primigenios de Carlos. Intenté disimular y hacer como que no había visto nada, pero entonces Carlos se acerco a mí, aún no sé si malinterpreté la situación, el caso es que me rozó la mano y me miró fijamente, de repente sentí que estaba creciendo demasiado deprisa, que si me quedaba unos minutos más allí, me pasaría como a aquellas Nancys, mis hormonas se dispararían y empezaría a salirme vello en los lugares más insospechados...
Salí corriendo de aquella casa, estaba asustada, dejé de ver a Carlos durante dos semanas, lo evitaba. Llegó la fecha de mi cumpleaños, mi madre invitó a Carlos, el cual me regaló una muñeca, pensé que también la habría intimidado, que le habría hecho lo mismo que a las demás, lo entendí como una venganza por haberme marchado de su casa, que guardaría un mensaje subliminal, seguramente era un preludio de lo que querría hacer conmigo, la escondí en lo más hondo del armario ,hasta que un día, mientras lo ordenaba, cayó sobre mí la caja, empecé a sentirme mareada, fui al baño, y allí descubrí que mi vagina sangraba, pensé que era por culpa de Carlos, fui hasta su casa, él no estaba. Se lo conté todo a su madre, aún recuerdo sus carcajadas, me explicó que desde que la hermana pequeña de Carlos había escuchado que las mujeres se depilaban el pubis, se dedicaba a pintar vello a sus muñecas y después le pedía a Carlos que le ayudara a borrar los pintarrajos. En ese momento, me sentí avergonzada, y lo entendí todo, ya sabía por qué Carlos se fijaba tanto en el cabello de la gente, sin duda que aquellas velludas muñecas habían incentivado su interés y era su primer acercamiento a la intimidad del sexo femenino…
Ahora que con los años Carlos se está quedando calvo, mi hija y yo jugamos a pintarle pelo para que no crea que su cabeza se asemeja al sexo inerme de una Nancy.