Pelos Maduros - (barcelona)

“A ver cuando te depilas esas púas que tienes por pelos” me había dicho mi marido varias veces ésta semana pero, que quieres, estamos en invierno y me da mucha pereza ir a la esteticista además voy con pantalones ¿qué más da no?. Al final consigo hora para la semana que viene después de varios intentos frustrados.

Que casualidad que el día señalado para la visita haga más frío de lo habitual, o eso creo yo. Voy calle abajo a paso ligero para llegar lo antes posible y evitar éste frío insoportable que cala en mis huesos.

Diez minutos después giro la esquina y me encuentro en local donde habitualmente hago mis sesiones de depilación. Espero, por dios, que hoy no me toque esa gorda bigotuda con cara de sargento. No es por ofender, acaba en diez minutos eso si, pero sales con la piel en carne viva no sé como aún sigue trabajando allí.

Pico al timbre y suena el ruido característico de puerta-abretúsólaqueyonmemuevodeaquí. Doy un pequeño empujón y la abro. Cual es mi sorpresa cuando no me encuentro a nadie en la sala de espera bueno, que más da, todas venimos a lo mismo. Me acerco al mostrador dispuesta a confirmar mi visita cuando me encuentro con un jovencito esbozando un gran sonrisa blanqueada. Es un adonis, un dios hecho mortal... Pero ¿qué estás pensando cochina? Podría ser tu hijo. Y es cierto, no debe tener más de 18 o 19 años. Aún así su mirada me turba y no puedo evitar tartamudear y sonrojarme y creo que él lo ha notado.

Me siento en una de las sillas de la sala y él me ofrece una revista mientras espero al igual que otra de sus sonrisas. Me tapo la cara con la revista para que no vea mi cara roja como un tomate. Por dios, que me pase ésto a mi que ya tengo una edad...Voy levantando la vista de vez en cuando y cada vez que me mira y me sonríe escondo de nuevo mi cara roja tras la revista. Qué vergüenza, si mi madre me viera.

Intento centrar mi mente en la revista y me fijo en una foto de una playa paradisíaca del caribe con arena blanca, agua transparente, cielo cristalino y palmeras gigantes. De pronto mi imaginación vuela y me veo a mi misma corriendo por esa playa (con un cuerpo de escándalo y bastante rejuvenecida seamos sinceras) en busca de mi amante, que no es más que mi adonis. Nos abrazamos jugamos a salpicarnos agua.... acabamos agotados sobre la arena. Mientras descansamos oigo como dice mi nombre y me susurra al oído cosas que hacen que me hacen sonrojar. Él acerca su rostro al mío lentamente mientras yo cierro mis ojos antes de que nuestros labios se encuentren al mismo tiempo que él acaricia mi cara, brazos.... hasta llegar a mis piernas. De pronto una voz ronca y grave dice “ya es la hora de su depilación”. Abro los ojos sobresaltada y me doy cuenta de que la isla y mi adonis han desaparecido, y me encuentro a la esteticista gorda y bigotuda mirándome con una sonrisa estúpida en el rostro. Da miedo porque realmente parece que disfruta cuando nos arranca los pelos.

Así que mi momento maravilloso ha desaparecido y me encuentro con la triste realidad: que ese chico jamás se fijará en mi y que mi sesión de depilación ha comenzado....

Sonia Nievas

 
         
    Volver al listado  
 


Bases del concurso
  | | | | |