Por favor, no intenten hacer esto en casa - (murcia)

El caso es que, claro, después de ver tantos millones de anuncios por la tele en los que las chicas se depilan con bandas depilatorias así, tan fácilmente, pues una piensa que no debe ser tan difícil.

Un viernes, una amiga me dijo de ir a la playa al día siguiente. Como no me daba tiempo a pedir cita en ningún sitio, le comenté a mi madre mi idea.

- Cariño, pero si ya sabes que esos anuncios son mentira, que ya van depiladas...

- Ya, pero... no sé, algo harán las bandas esas ¿no? Si será como lo que hace la esteticién, pero con la cera incorporada en la banda, digo yo.

- Bueno, haz lo que quieras.

Así que me fui tan contenta al supermercado, directa a la zona de perfumería y cosmética. Ahí estaban. Pieles sensibles, pieles secas, pieles atópicas, pieles normlales... ¿Y qué pasa si mi piel es sensible, seca y atópica? Bueno, pues a por las sensibles, que suena a que hacen menos daño. ¿Una caja será suficiente? Cojo dos, por si acaso.

Una vez en casa, empieza mi aventura. Me quedo en bragas, pongo musica y... cojo una banda. La froto, la despego, la pego en mi piernecita y vuelvo a frotar. Hasta aquí, bien. Respiro hondo... cuento hasta diez (porque sí, porque a mí me han hecho mil veces la cera, pero no es lo mismo cuando el daño te lo vas a hacer tú misma)... ¡Zas! Pego un tirón. ¡Ay! Duele. Miro la banda. Qué pocos pelos ¿no? Miro mi pierna. ¡Hala, ahí sí que hay pelos! Mierda, ¿qué he hecho mal? Pues nada, a volver a intentarlo.

Cojo otra banda y dejo la primera sobre la mesa. ¡Zas! Dorlor, banda. ¡Zas! Dolor, banda. ¡Zas! Dolor banda. El proceso se repite hasta que... Se acaban las bandas. ¡Oh, oh! ¿Y ahora? ¿De verdad piensan que con esto te depilas las dos piernas? Sí, claro, y si eso pues depilas a tu vecina tamién.

Necesito un plan B. He gastado las bandas y en mis piernas hay más pelos que al principio. Además, después de usar las supuestas toallitas para quitar los restos de cera, mi piel está pegajosa, con pegotes de cera repartidos heterogéneamente, roja y dolorida.

- Mamáaaaaa.. Mira, ¿qué hago?

- Pues hija, coge mi Silk Epil y terminas la faena.

Me da un escalofrío sólo de oír el nombre. Silk Epil. ¿Quién inventó ese instrumento de tortura? Porque mira que la cera duele, no lo niego, pero no hay punto de comparación. La cera es un tirón y pa\' casa. La Silk Epil es dolor tras dolor tras dolor tras dolor. O más. Creo que preferiría arrancarme los pelos uno a uno con las pinzas, pero no tengo tiempo, necesito las piernas depiladas para mañana.

Subo al baño. Temblando, abro el cajón donde está mi mayor enemiga. Ella me mira desafiante desde su rincón oscuro. "Te voy a torturar, te voy a arrancar la piel" me parce que susurra. Casi lloro. Casi. No le daré ese placer. Me envalentono y la agarro por el cable. La enchufo. La enciendo.

Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Parece una sierra eléctrica ¿verdad? Vuelven los escaloríos.

La acerco muy, muy, muy lentamente hacia mi pierna izquierda. En cuanto me roza, noto que estoy perdida, que no voy a poder soportarlo y que tendré que irme a la playa con todos mis pelos. O no ir, sería otra opción. Pero no, tengo que ir. Y depilada. Así que... Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr...

Solté alguna lagrimilla, pero procuré que ella no me viera, y conseguí no chillar. Mi madre dice que soy una exagerada. ¡Está loca! Creo que se ha confabulado con la Silk Epil contra mí. ¡Traidora!

Finalmente, mal que bien, terminé de depilarme. Mis piernas estaban en carne viva, pero yo podría pasear por la playa orgullosa de mi valentía y de mi aguante.

Pero es una experiencia que no recomiendo a nadie. Dejad las torturas en manos de profesionales.

 
         
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