¡Quítame las manos de encima!, ¿Tu quien te crees que eres?, ! No tienes derecho a tratarme de esa forma!.
No puedo entender, cómo he llegado hasta aquí. Llevo mucho tiempo luchando por alzarme en el trono de los estéticamente lanudos como para acabar claudicando en manos de este animal. Y ese runrun insoportable. Ese calor dañino que me asusta y preocupa. Me va a doler, lo sé. Quiero salir corriendo, Quiero gritar y gritar. Quiero dar rienda suelta a mi instinto de supervivencia patear, revolverme y berrear hasta que mis alaridos encuentren respuesta en este tipo insensible que me ningunea sin piedad. Suerte que me tiene agarrada. Suerte que no puedo enfrentarme a él y decirle unas cuantas cosas que me vienen a la mente ahora. Tantos ratos compatiendo juntos, tantos atardeceres paseando a traves de los preciosos prados de la comarca. Y ahora la traición. Es que ya no se puede fiar una de quien tantos elogios te ha dado. Todos son iguales.
Aunque, ahora que lo pienso, no tengo mal tipo. Estas piernas pelonas no recordaba que fueran tan delicadas. !Uy!. Pues si, que agradable. No me veo tan mal. Y encima la sensación calurosa de estos últimos meses ha ido desapareciendo. Mmm. Espera espera. Podría retocarme un poquito más por aquí, tras el cuello. Siiiii, Que estilazo. Vuelvo a estar en el ojo del huracan. Me siento atractiva de nuevo y hasta mis largas pestañas tintinean de una forma distinta. Estoy preparada para volver a ser el centro de la fiesta.
Allá voy de nuevo. Segura de mi misma. Conforme con mi cuerpo y orgullosa de lo que soy. Esta noche no se me resistirá mi Jacobito. Me parece verlo, allá en lo alto mirándome con su estudiado desarraigo. Que nos conocemos y se que es lo que le gusta. No pongan puertas al campo que me voy con el berreo a otra parte.