En un ancho valle vivían tres jóvenes cerditas, todas hermanas, que eran muy diferentes entre sí. Las dos pequeñas eran muy perezosas y se pasaban el día tocando el violín y la flauta. La hermana mayor, por el contrario, era más seria y trabajadora. Tanto, que acababa de montar su propio negocio, una clínica de estética a la última moda y con todos los avances tecnológicos del momento.
Un día, la hermana mayor le dijo a las pequeñas: “Estoy muy preocupada por vosotras, porque no hacéis más que jugar y cantar y no pensáis en trabajar y en conseguir una casa en la que podáis vivir ¿Que haréis cuando lleguen las nieves y el frío?”
A las hermanas pequeñas no les hizo gracia la regañina de la mayor, aunque se dieron cuenta de que tenía razón. Entonces, decidieron trabajar haciéndole la competencia y empezaron a montar sus propios centros de estética. La más pequeña de las tres, que era la más juguetona, no tenía muchas ganas de trabajar y se hizo un negocio de cañas con el techo de paja. Allí trabajaba depilando a sus clientes con pinzas. La otra cerdita juguetona trabajó un poco más, y construyó su centro de belleza con maderas y clavos, donde hacía la depilación con cera.
Por aquel entonces, pasó por el valle un lobo tristón, que era un animal muy peludo. Estaba deprimido, porque el exceso de pelo de su cuerpo asustaba tanto a sus víctimas que no lograba correr lo suficiente para alcanzarlas. Se llevó una gran sorpresa al encontrarse frente a tres negocios de depilación. Como no tenía mucho dinero, se fue al primero de ellos, que era el más barato: el de depilación con pinzas.
La cerdita pequeña le recibió tumbada en su cama de paja. Le invitó a pasar y sentarse, mientras que ella buscaba las pinzas para depilar. Después de un rato revolviendo la cabaña en busca de las pinzas, las encontró, y comenzó a quitar uno por uno los pelos del lobo tristón. Al rato, la cerdita empezó a bostezar y decidió descansar un poco antes de continuar con su trabajo.
El lobo tristón se quedó pensativo, sentado en la silla, y decidió irse al siguiente centro de belleza, para poder terminar de depilarse lo antes posible. La cerdita mediana le recibió en su choza, mientras removía con una cuchara gigante el contenido de una olla enorme, que estaba hirviendo sobre el fuego. Le explicó que estaba preparando la cera para la próxima sesión de depilación y le invitó a probarla. El lobo tristón acepó y se tumbó en el suelo para probar esta técnica. La cerdita sacó la cuchara con un pegote de cera hirviendo y se lo puso al lobo en una pata. El lobo lanzó un aullido de dolor y se levantó de un salto, corriendo por toda la choza, mientras intentaba quitarse la cera con las manos. Cuando la pasta pegajosa se enfrió, el lobo tristón se encontró dolorido y lleno de cera por todas partes, así que decidió probar suerte en el siguiente establecimiento.
La cerdita mayor recibió al lobo tristón en una salita con cómodos sillones. Le ofreció un vaso de agua y le puso una crema de aloe vera para aliviar el dolor de su pata. Le enseñó varios tipos de láser de depilación, con los que, poco a poco, dejaría de ser un lobo peludo y tristón. El lobo comprendió que la depilación láser era el único remedio definitivo para acabar con sus males, y decidió hacerse todo el tratamiento de depilación en esta clínica.
Un año después, el lobo tristón se convirtió en el lobo más feroz del lugar, dejando pasmadas a sus víctimas con su nuevo aspecto y su piel lisa y suave, como nunca antes la habían visto. Además, encontró una novia, que también había sido cliente de la cerdita mayor, y vivió feliz con ella el resto de sus días. FIN.