Luchando por su libertad - WC(cadiz)

Cuenta una leyenda urbana, de esas que cosen con sus lenguas ciertas ancianas algo desquiciadas, que hace algún tiempo existió una tierra llamada Anfry en la que los pelos tenían el beneplácito total de su rey. Se habían ganado la posibilidad de actuar libremente por aquellas tierras defendiéndolas ante innumerables inclemencias externas como auténticos patriotas. Sólo su presencia le otorgaba al reino un cierto aire de temeridad, infundiendo una mezcla de respeto y miedo en los monarcas vecinos.
Pero cuando la prosperidad emanaba en cada rincón de aquella comarca, la historia cambió su curso. El soberano se había enamorado… y había sido correspondido. Ella era la joven princesa de una preciosa región al sur de las montañas. Destacaban, además de su hermosura, su ambición de poder; su deseo de controlar y conquistar más tierras. Para desgracia de los pelos, ésta pronto convenció al rey, entre juegos de alcoba, de que aquellos que habían servido con lealtad a su trono eran innecesarios e incluso molestos.
La guerra no tardó en estallar. Las batallas eran duras y dolorosas… gritos desgarradores, sudor, lágrimas, sangre. El soberano de Anfry había subestimado a su propio pueblo. Fue necesaria la ayuda externa de los caballeros Gillete del sur y de ciertas tribus bárbaras del norte como Deli-plus, Veet o Taky. Incluso el gran La Ser ayudó en alguna ocasión mandando a sus máquinas futuristas a luchar en las llanuras del sur. Pero nada era suficiente porque siempre resurgían pequeños grupos de milicianos que no tardaban en reunir un ejército con el que defenderse frente a la tiranía.
Hacía más de un año que habían comenzado los combates cuando un rumor se extendió como la pólvora desde la oreja hasta el dedo gordo del pie. El “elegido” estaba aquí. Decía la profecía:… y no dará la cara, pero se hará notar como un azote… …cabalgará en solitario hacia las tinieblas… …sólo cambiando su rumbo conseguirá modificar la dirección de los acontecimientos.
Le apodaron Fístula, que en la lengua muerta de los Vellos significa esperanza. Nadie sabía cómo era ni cuál era su verdadero nombre. Algunos incluso dudaban de que fuera uno de ellos. Pero tampoco les importaba porque él solo estaba haciendo estragos en el reino, debilitándolo estrepitosamente. En un movimiento desesperado por no perder el trono, el rey hizo llamar a los temibles caballeros de los pantanos, los Ciruj-Anos. Utilizando las artes más oscuras de la guerra no tardaron en encontrar a Fístula y entregárselo al rey de Anfry, a cambio de las pocas riquezas que le quedaban a esas alturas. Justo antes de que ejecutaran la sentencia de muerte a la que lo condenaron, Fístula se levantó y con una sonrisa en la boca se dirigió al rey: “Podrás matarme a mí, pero jamás desaparecerá mi recuerdo”.
No pasaron ni dos semanas desde la muerte del “elegido” cuando el soberano de Anfry pactó con la nobleza de los pelos. Les concedió tierras en el nordeste y noroeste, y todas las llanuras del sur. La reina interpretó esto como un signo de debilidad y lo abandonó. No tardó en casarse en segundas nupcias con el Rey Metro, señor de una tierra en la que los pelos habían sido desterrados hacía mucho tiempo.
Poco a poco Anfry retomó la calma que siempre lo había caracterizado. En memoria a los caídos el rey levantó un monumento frente al castillo con una frase grabada que decía: “El reino está por encima del rey. Y la reina… ¡a la reina que le den!”

 
         
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