DEPILADA Y DESNUDA - Leonardo Juan Lezcano Gómez(barcelona)

Cuando regresé de aparcar el coche, ella me estaba esperando al pie de las majestuosas escaleras que conducían al portón de entrada de la residencia. Era una enorme mansión de los años cincuenta que probablemente había pertenecido a algún rico burgués y ahora se destinaba a las grandes recepciones y cócteles oficiales.
Luego de mostrar en la entrada las tarjetas de invitación, pasamos a un salón de recepción tan espacioso como una catedral y nos dirigimos de inmediato a la sección de guardarropas. Mas allá, en el salón contiguo, tres catedrales más amplio, se paseaban sonrientes los invitados que habían arribado previamente, todos portando copas y platos repletos de golosinas.
Ya había comenzado a liberar del sobretodo a mi mujer situada de espaldas a mí, cuando esta, repentinamente, se volvió de frente con la prenda abierta y a medio quitar. Se me apretó el pecho y un abrasador impulso nervioso me ascendió vertiginosamente a lo largo de toda la médula espinal, desbordándose en la base del cerebro como leche hirviendo: ¡Mi esposa se hallaba completamente desnuda bajo el abrigo, en medio de aquella gran sala atestada de personas! ¡No lo podía creer!... Los pequeños senos, mostrando los puntiagudos pezones de color marrón, me apuntaban como revólveres y casi sin atreverme a mirar, mis aterrados ojos pasaron vertiginosamente sobre su bello ombligo y los firmes muslos que se cerraban sobre su totalmente depilado triángulo íntimo, lo cual remarcaba aun más su desnudez. 
 Horrorizado, le coloque enérgicamente el sobretodo y lo cerré desesperadamente con ambas manos.
-¡Estas loca! - le grite con una voz que parecía salir del fondo de un escaparate, mirando a ambos lados como un ladrón que teme ser sorprendido en el delito. Ella sonrió encantadoramente y me dijo:
- Es una sorpresa que tenia para ti, mi amor.
-¡¿Una sorpresa?! ¡¿Esta loca?!
-No te preocupes -intentó calmarme- estoy vestida, solo tú me ves desnuda.
-Pero ¡¿cómo?! ¡¿Que dices mujer?! ¡¿Estas loca?!-balbucee nuevamente.
 No entendía nada. Mi estado inicial de pánico había dado paso al no más soportable de idiotez.
Ella me trato de explicar que en su instituto científico habían desarrollado una tela que reflejaba solo la cantidad de fotones específicos para la captación por determinadas células ópticas y que la tela del vestido que ella tenia puesto en ese momento estaba concebida para refractar solo los fotones que excitaban mis células.
Ahora profundamente perplejo, aun sin entender prácticamente nada, le dije, visiblemente disgustado:
- ¡A los que vas a excitar son a todos estos moscones que nos rodean y no precisamente a sus células! ¡No lo puedo creer mi madre, que es esto!
Ella intentaba desembarazarse de nuevo de la gabardina y sus menudos senos, como limones de injerto, ya estaban otra vez al descubierto cuando volví bruscamente a colocarle la prenda.
Unos invitados que observaban desde el salón la extraña escena que se desarrollaba frente a los guardarropas, se acercaron para interesarse por el problema que nos ocupaba. Eran dos de mis socios comerciales, quienes acompañados por sus esposas, habían estado esperando con ansias nuestra llegada para compartir amistosamente, fuera del tenso ambiente de las negociaciones que habíamos sostenido durante todo el día en la Feria internacional que se clausuraba esa noche.
Uno de los hombres se dispuso ingenuamente a auxiliar a mi mujer con el sobretodo.
-¡No, no! - exclame, interponiéndome atropelladamente como un referee- ella tiene un fuerte resfriado. Es mejor dejárselo puesto ¿verdad mi amor?
-Son boberías de él- explico ella a los otros con cierto nerviosismo.
Me excuse con los demás y aparte ligeramente a mi mujer del grupo.
Entretanto, se habían ido acercando nuevos invitados preguntando por lo que pasaba y ya comenzaba a formarse un coro frente a la ropería. Pronto seria una multitud.
-¡Vámonos de aquí, mujer! - ordene entre dientes, enfurecido- ¡esto es una locura, te voy a matar!
- No te molestes así mi amor - rogó ella -te digo que tengo puesto un vestido como cualquier otra pero invisible o transparente solo para ti. Los fotones que irradia la tela corresponden exclusivamente con la reacción fotoquímica que hacen tus ojos. Todas las demás personas perciben un vestido usual, el mío es negro y por cierto, realmente un poco más atrevido de lo que me hubieras permitido si lo vieras- y rió pícaramente.
-¿Y como tu sabes cual es mi reacción foto eso que tu dices?
-Por la graduación de los lentes de los espejuelos que usa la gente podemos determinar con exactitud las características de la púrpura visual de las células ópticas de los ojos y por esta sustancia especial que varia bajo la influencia de la luz, ajustamos la intensidad de fotones que debe refractar cada tela para que sea transparente al ojo correspondiente y absolutamente normal para los demás. En el laboratorio trabajamos con tus espejuelos, los nuevos que te hiciste.
-¿Y no puede haber dos personas con la misma púrpura visual?
-Bueno, eso es poco probable, seria como uno en cien mil
-¡Pero cielos, ese cien mil pudiera estar aquí!
-No lo creo, pero en todo caso, ese ingrediente de riesgo debería ser más excitante para ti ¿No te gusta mi amor?-pregunto con cara de inocente.
La hubiera estrangulado allí mismo. Controlándome, todavía atine a preguntar:
- ¿Y por qué tú y no otra compañera del instituto?- y como si descubriese de pronto un importantísimo detalle oculto hasta entonces, pregunte impaciente- ¿y tus vellos del pubis?¿ también los desapareciste?
-No, solo el vestido papi - dijo ella sonriendo maliciosamente y agrego en voz baja acercándose a mi oído- me hice una completa depilación por láser en Corporación Capilar, esa es una sorpresita complementaria que te tenía reservada. Y retrocediendo un paso se quito bruscamente, de una vez, el gabán.                                 
Entonces su hermoso cuerpo apareció totalmente en carnes exhibiendo plenamente sus sensuales turgencias naturales ante mis ojos y portando, como únicas prendas, unos finos zapatos de tacones de aguja que le hacían perfilar, al obligarla a arquear los tobillos, unas pantorrillas extraordinariamente bellas. Lamentablemente, las inoportunas circunstancias en que me encontraba me impedían disfrutar como tantas veces del inigualable espectáculo que ofrecía la desnudez del hermoso y ahora completamente depilado cuerpo de mi esposa.
Uno de los invitados, atreviéndose a interrumpir nuestra conversación, se acerco con el objetivo de concluir la prolongada antesala:
-Pasemos a las mesas del salón por unas copas ¿no creen?
Yo creía que el tipo la veía desnuda. Sin reponerme aún del impacto recibido, quede en ese momento algo retrasado, asediado por la conversación de mis amigos, que ni siquiera escuchaba y quienes habían cedido cortésmente el paso a las damas. Mi esposa iba delante contorneándose más que nunca, sabiendo con seguridad que en ese momento yo no tenía ojos más que para mirarle las nalgas desnudas, cuyas carnosas y blancas masas se movían rítmicamente.
Resultaba realmente inverosímil ver a mi mujer moverse con absoluta naturalidad y totalmente desnuda entre la gente sin que nadie apreciara nada mas allá de su normal atractivo. La situación hubiese excitado a más de un hombre, especialmente aquellos que gustan de exhibir desnudas a sus esposas.
Mientras yo permanecía compartiendo con mis amigos comerciantes, mi mujer conversaba a varios metros con conocidas y amigas que reconocía entre los invitados. Cada cierto tiempo me buscaba con la vista y me sonreía maliciosamente. Podía incluso percatarme de las miradas que algunos hombres le dirigían pero que evidentemente estaban destinadas a sus hermosas piernas y quizás también a sus muslos si efectivamente vestía un provocativo vestido como me había asegurado.
Por supuesto que las reacciones de los mirones no tenían nada que ver con las que experimentarían ante una mujer desnuda en público y además, de tan impresionante cuerpo como el de mi mujer, que ofrecía un irrepetible contraste entre los pequeños senos que poseía y su enorme vulva que totalmente depilada como se hallaba se apreciaba aún más abultada que nunca .
 Uno de mis colegas se había enfrascado en una compleja teoría sobre la subutilización de las ventajas comparativas del país, la cual, según él, le impedía elevar la capacidad de exportación. Mi amigo recababa constantemente mi criterio como si yo fuese un especialista del tema, lo cual me importunaba extremadamente y me impedía prestar atención a mi esposa.
Me encontraba ofreciendo una improvisada disquisición sobre el insuficiente desarrollo de la industria transformadora de frutas y vegetales, de cuyo asunto no sabía absolutamente nada, cuando de improviso se me ocurrió una tenebrosa idea: ¿y si a medianoche desaparece el encanto como le ocurrió a La Cenicienta?
Ya eran las doce menos cinco.
Busque ansiosamente con la vista a mi esposa sin alcanzar a verla. ¡Ya no estaba en el grupo de mujeres con las cuales hacia unos instantes conversaba!
Me disculpe con mis compañeros y comencé a buscarla por todas partes. A medida que pasaban los minutos me iba desesperando. ¿Donde se abría metido?
Entonces escuche un sordo murmullo que provenía del vestíbulo. El murmullo se iba convirtiendo en escándalo. Ahora todo el mundo se dirigía hacia allí como si hubiese arribado Fidel Castro.
Corrí hacia el guardarropas abriéndome paso, como en una batalla de la Edad Media, entre la gente que intentaba en masa hacer lo mismo.
¿Que pasa?-pregunte ansiosamente a un hombre que avanzaba a mi lado- ¿Que sucede?
-¡Hay allí una mujer completamente en cueros!… ¡Corre, corre!...
 

 
         
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