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DEPILARSE FUERA DE CASA - AMAIA(madrid)
Buenos Aires. Julio de 2008.
Por motivos laborales me encuentro en un hotel en la mitad de Palermo Soho, un barrio de la capital argentina bastante "glamouroso". O que está bastante de moda, como lo quieras ver.
Después de 2 semanas allí y 1 mes sin depilarme, sin comer más que empanadas y buena carne argenitna, me digo, "ya toca", y me dispongo a buscar un lugar donde hacerlo. "Pero, claro, no es mi país. Ni siquiera mi continente. ¿Allí la gente se depila? Se depilará. Pero son rubios. ¿O morenos? Claro, hay de todo. Como en todos lados. Voy a preguntar". Y pregunto. Por supuesto, a una persona de allí, y del trabajo, muy en silencio, casi en secreto. "¿Cómo?", dice. "Pero bueno, aquí claro que nos depilamos", continúa mi rubia amiga. "Sí, hombre. Hay gente que se lo depila todo. Bueno, como que tengo una amiga que se depila la cara...". "Ah, es que me habían dicho que los que más bello tenemos somos los europeos. Que los chinos nada de nada y que en América del Sur, bien poquito", pienso yo. "¿Sabes de algún sitio que depilen bien?". Obviamente estoy en Buenos Aires, no quiero ir a cualquier lugar. "Sí, te llamo", mi dulce amiga. "A las 7,30 de la tarde en esta dirección. Pregunta por Claudia". "Bien. No bien, genial".
Llamo a un taxi, me meto, le digo la dirección y tras 30 minutos de viaje por el monstruo Buenos Aires llego al lugar. "Hola, ¿Claudia?". "Sí, ¿me disculpás un momentito?". Y se va. Hay cuatro personas. Las cuatro no paran de mirarme. Cruzo la mirada con una de esas personas y tras un par de segundos, me sonríe. Su sonrisa no dura más de un segundo. Y chismorrea a su moreno compañero. "Se ve de lejos que soy española. Claro, se preguntarán qué hago allí depilándome; al lado del Zoo de B.A., una española. Llevo ya tiempo allí, no es la primera vez que me miran. Soy de fuera. Y se nota. Aunque... soy morena. Claro, morena con ojos claros. "Faroles". Eso allí no es muy común".
"Veníte por aquí", me dice la tal Claudia. Y voy. "Sentáte". Y me siento. "Estirá las piernas". Y las estiro. "¿Qué vas a hacerte?". "Piernas enteras", respondo, un poco avergonzada. Mi rubia depiladora (rubia, de peluquería) mira la espátula, la carga bien de cera, la expande, coloca la tira de tela reciclada, y retira la cera. Molesta, me mira, y me advierte que no piensa hacerme un repaso. Que allí la gente sale depilada con una sola pasada. "Bien", digo. "Es otro país". Otra vez: mira a la espátula, la carga bien de cera, la expande, coloca la tira de tela reciclada, y retira la cera. Vuelve a mirar la tira. Después la piel. Hace un ruido de rabia con la boca: "Tenés todos los pelos dentro. Vos tenés mucho pelo, ¿lo sabés? Aquí no vamos a repasarte dos veces. Lo que no salió, te lo llevás". "Vaya, sí que debo de tener los pelos dentro. O largos. La verdad es que en España nunca me habían dicho nada de eso." Bueno... sonrío apurada. Y de nuevo: mira a la espátula, la carga bien de cera, la expande, coloca la tira de tela reciclada, y retira la cera. Ya enfadada me dice que no puedo ir a depilarme si no me hidrato, si no me doy con el guante, que allí en Argentina no hacen una segunda pasada. Pone tela y retira, tela y retira, tela y retira. A los 5 minutos mete la espátula en el tarro de la cera. Enfadada, "Ya estás, vístete". Me visto, apurada. Subo las escaleras silenciosamente, sin ninguna duda de que, seguro, en Argentina, tienen menos pelo que en Europa. Claro, y eso a alguien que no tiene pelo le molesta. "Ay... qué vergüenza, tenía que haberme esperado una semana más y depilarme en Madrid. Bueno, ¿35 pesos? Ahí tiene". A lo lejos, todos sonríen. Siguen sonriendo hasta que salgo del local. "Es extraño cómo me miraban, ¿no? Yo creo que no es tan raro que una española vaya a depilarse cerca del Zoo de B.A. Bueno, quizá sí. Por eso me miraban". Entro en el taxi "Calle Honduras 4765, por favor". "No me han depilado muy bien, ¿no? claro, es que tenía mucho pelo para ellos. Eso les debe de haber cabreado. O no... claaaaaro... que allí sólo se hace una pasada de cera. El resto de pelo te lo llevas a casa. Bueno, me volveré a depilar la semana que viene en Madrid. Pero, si la amiga de Vicky se depila la cara. Y todo el mundo se depila. Y depilar significa que te quiten el pelo...". Después de 30 minutos por el monstruo Buenos Aires: "Son 6,30 pesos, por favor", dice el taxista. "Ay, sí, perdone. Qué tonta, iba pensando en una cosa...". Pago y salgo del taxi. "Pero si todo el mundo se depila en todo el mundo, si algunas se depilan hasta la cara y esto está plagado de españoles... ¿por qué sonreían tanto los de la peluquería? No entiendo nada".
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