Suspiros en el cuarto de baño - rosanfer(huelva)

¿Qué haces cuando tienes catorce años pero tu cuerpo se empeña en aparentar veinticuatro?

Pues quedar con dos amigas y meterte en un cuarto de baño, a ver si gracias a esas ceras tan prodigiosas que anuncian por televisión te quitas al menos cinco años, en cuanto a pelos se refiere. Así era yo, una mata de pelo andante, pelo en las axilas, pelo en el bigote, pelo en las piernas, pelos, pelos y más pelos. Nos pusimos manos a la obra, seis manos para una entrepierna, (cosas que por suerte o desgracia sólo suceden cuando aún eres una niña), un palito de madera y 500ml de cera hirviendo, ¡queridos pelos...no mostreís resistencia, la batalla está ganada!

Pero como en toda buena batalla adolescente, la cosa no había hecho más que empezar. Ahí estábamos las tres guerreras, espandiendo cera hacía el infinito. Yo con las piernas abiertas, una de mis amigas de rodillas, la otra soplando la cera, estábamos coordinadas, las cosas a esa edad mejor hacerlas en cadena, ya se sabe, una función para cada una, así es como funciona la amistad a esa edad. Pues a mí me faltaba la amiga decidida, ninguna se atrevía a tirar, ¡dios!, había olvidado el punto cumbre del procedimiento, ese en el que tu piel deja de ser tu piel para convertirse por un momento en carne al vuelo, cuando la carne cae aparece una nueva piel, irritada, pero tan suave que das gracias a San Ceratio por haber otorgado a la mujer el privilegio de someterse al ritual cerístico.

- Tira tú.

-No, tira tú.

Mis dos amigas jugaban un partido de tenis bajo mis piernas. "Tú, tira tú". "No, tú". "Tú." "Tú"...Mi cabeza se contoneaba de un lado a otro. "Tú"."Tú".

- ¡Basta ya!, tiraré yo. Y aquí fue cuando comenzó el verdadero sufrimiento de una guerrera que ve como su indecisión de tirar del tirón le da ventaja absoluta a su archienemigo Don Pelo Púbico. Un pelo, un grito, un grito una lágrima, una lágrima un suspiro y el "ains" al unísono de mis dos amigas acobardadas, arrinconadas en un bidel.

De repente una voz masculina: -¿Qué ocurre ahí dentro?

- Nada, "uff,uff", nada. De verdad papá "uff,uff", nada.- Mi padre tuvo que creer que su hija comenzaba a descubrir los placeres de ser mujer. Y en el fondo tenía razón, porque no existe mayor placer que el depilarse por primera vez, introducirse en un piscina y ver como el agua resvala sin ningún atropello por tu fina piel, más fina y suve que ninguna, más brillante y radiante que ninguna.

No sólo gané la batalla, también gané la guerra, superé mi gran trauma adolescente y comencé a apreciar mi cuerpo, me sentí mujer.

Ahora que soy mujer, (ya tengo los veinticuatro), y las amigas no tienen tiempo de meterse con una en el cuarto de baño he optado por la depilación láser. Una nueva batalla, esta vez interespacial, con rayos incluidos y atacando al bello donde más le duele, en la raíz.

Ahora los suspiros los dejo para cuando llego a casa y mi novio me espera para comprobar cuanto de eficaz es ese tratamiento por lo que me siento como si tuviera diez años menos.

 
         
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