Depilación sexy ¿Donde estás? - julia moro(asturias)

Tenía cita para las dos de la tarde, despues de salir del trabajo
. Tuve que esperar porque había un señor dentro que tardó más de lo previsto, pero la espera fue de lo más entretenida, ya que el cliente hablaba con voz muy alta y desde la sala de espera oia perfectamente la conversación que tenía con la esteticien.
Poco a poco fuí hilando la conversación y me pasó el tiempo volando.
Era la primera vez que hacía tal cosa, un amigo se lo había aconsejado , ya que era muy cómodo para darse masajes en las piernas despues de hacer deporte. Lo que no sabía era por lo que tenía que pasar para conseguirlo..
-¡ay, ay,! no, así no que me hace mucho daño. Intente  hacerlo de otra forma . Mi amigo me dijo que era una maravilla, que no dolía nada.
La chica le explicaba que no había otro modo de hacerlo, ya que él le había pedido que no le dejara ni un pelo,
-Ya, ya, pero esto no es posibe, y ... ¿qué va a seguir así, hasta que me los quite todos???
-Claro, hombre, se lo haré más suave.
-¡ay,ay! uf...uf... qué va, yo me bajo de aquí, no puedo seguir.
-Pero hombre- ahora ya que empecé tengo que terminar, no va ir usted así, con una pierna  depilada y otra no.
¡Ah! no me importa. Esto ye insufrible, no se cómo las mujeres aguantan esto.
-Las mujeres,  lo aguantamos todo,  con tal de estar bien...
-Pues yo no, y no me importa nada, me bajo y me marcho. Lo que me da que pensar es cómo mi amigo pasa por esto y esta tan contento.
Bueno, él seguro que haría la depilación láser,  por sesiones y  no  todo de golpe,  Pero tambien es más cara.
¡Cara, cara!! la que usted tiene, y porqué no me lo dijo antes?
Mire, usted pidió cita con cera caliente para piernas enteras y que fuese barato. No preguntó mas.
La mujer intentaba disculparse, pero lo que tenía delante era un hombre de unos sesenta   años, con el cuerpo rojo como un tomate, los michelines le salían por los extremos de la camilla, las piernas eran como columnas de hormigón. Empezó a ponerse nerviosa, pero no veía salida posible.
Pero ...una llamada de teléfono la sacó de la abrumada situación.  -¿Dónde esás?
¿Qué donde estoy?- contestó el hombre más cabreado todavía. -Quisiera tenerte aquí a mi lado ahora.
Era para decirte que ya hable con el peluquero, para que te afeite las piernas enteras…
¿Pero, qué dices? No…No…no puede ser.
El hombre se bajó de la mesa, se puso los pantalones y salió corriendo en busca de tal amigo que le había hecho pasar semejante trago.
Cuando llegó mi turno la chica suspiró de alivio. Las dos nos reímos un buen rato, sin olvidar el mal rato que pasó…     Un día que volvimos a vernos me dijo que había vuelto aquel cliente a pedirle disculpas y le pagó una buena propina. y pidiendo cita para tomar un café con ella.

 
         
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