Miraba a mi alrededor, haciendo un absurdo intento de encontrar algún guiri de esos altos y rubios de los que tanto me habían hablado, pero ni uno, o al menos no los pude ver.
Yo, tan bajita, pero resultona eso si, pues no podía supervisar el panorama, casi no veía nada entre tantos cabezones: grandes, morenos, melenudos, se agolpaban junto a mi, como si fuese una feria, la verdad, cada vez veía menos, ý no veía ni un solo rayito color oro de mi tan esperado príncipe azul.
En fin, que allí me quedé, esperando, frente al ajetreo que tenía ante mis ojos, cuando de repente, algo indescriptible, como de otro mundo, algo parecido a una lluvia de principitos rubios pero sin caras bonitas y con melenas pegajosas, se acecharon queriéndome atrapar, como si hubiesen escuchado mis suplicas los rubios más horripilantes del planeta y se me quisiesen echar encima vamos.
La gente gritaba, y yo, intentando no perder la calma, me quede lo más quieta posible, rezando todas las oraciones habidas y por haber. El calor me acogía, la verdad, quizás no fuese un principito tan malo, el frio de aquel repeluco se convirtió en un placentero calorcito, aunque pegajoso, no era desagradable...¿y si era mi príncipe azul?
Levanté la vista, y no había nadie, todos se habían escondido, o quizás nos habían dejado solos para hacerlo más romántico; si es que ya lo decía yo, pequeñita, pero matona, mira que había morenazas de pelo largo, con sus planchas hechas, su pelo de peluquería, y yo, la más humilde y pequeñita, fui la elegida.
Me sobrecogió su calor, y aunque por un momento se ausentó y pensé que no volvería, de repente volvió a aparecer, y bueno, me dio varios besos tan espectaculares que la calle entera se lleno de beso, y no estoy exagerando de verdad...
Y aquí acaba mi historia, el se ha tenido que ir, me ha dicho que, dentro de quince días volverá. que tiene que se tiene que ir, no se si será trigo limpio, pero bueno, solo sé que mi príncipe azul entre muchas altas y guapas morenas, me escogió a mi.
Acabando esta historia, la de un pequeño pelito, que espero, no venga una cera rubia platino que le arranque la ilusión y ganas de vivir, o una pinza traicionera; o que cuando lleguen sus nuevas compañeras de calle, esos pelitos largos y morenos, no critiquen su nuevo noviazgo.