al lio..! - sandy g.(barcelona)

y aqui estamos. mis pelos y yo. siempre he sido un poco miedosa, sobre todo para enfrentarme a lo que yo llamo "momentos dificiles" de la vida. hace años los ordené clasificándolos como si de una pared a escalar se tratase, según su dificultad. en resumen, que romper un huevo con una sola mano -eso que arguiñano hace de forma insultantemente automática- encabezaba el ranking de dificultad, hasta que llegó la pubertad. llegó tarde, pero llegó. yo era una niña con largas trenzas, deportista y larguirucha hasta los dieciséis. todo cambió. sobre todo mis pelos. mis piernas. el dulce rozar nocturno de una pierna con otra, endormiscada, se convirtió de pronto en algo peor que un depertador sonando a las siete de la mañana. eran mis pelos, que salían con fuerza como malas hierbas en un abanadonado jardin. recuerdo una madrugada de primavera, dormía con la ventana abierta, hasta que el frescor me despertó. bueno, mejor dicho sería que los pinchazos de mis pelos de las piernas, debido al frescor del alba, pero bueno, según se quiera dar un tono más romántico o más ácido -y realista, por cierto-. enf in, que empezó mi batala y todavía sigo en ella, y recién cumplí cuarenta y uno. ¡nunca me acostumbrar´´e! nunca es mucho tiempo, verdad? pues a mí me parece poco. y empezó mi periplo por el pasillo del supermercado dedicado a perfumeria: tiras de cera rosa, o verde, espuma con aroma de limon, atractivos papeles semitransparentes color rosado o verdoso como la primavera, cera tibia, fía o caliente... de todo, y más bien parecía la carta de una heladreía, pero no: todo eso son productos depilatorios a disposición de las incautas adolescentes, ¡y para todos los gustos! excepto para el mío: no soportaba ese dolor.  finalmente, y después de probar todos, absolutamente todos... ¡la solución: la cuchilla! ahora las hay rosa, con nombre de diosas, verdosas o azules, pero entonces, eran color azul, deshechables y había que robarselas al padre de una; y en mi caso, no era posible, pues estaban separados, así que mi madre fue la donante. ya en la bañera, inició el ritual. la espuma, blanca y radiante, envualve generosa y amable mi pantorrilla. espero unos segundos. quiero disfrutar de ese momento, casi puedo sentir cómo un asesino planea su crimen que augura perfecto. y por fin, al lío: empuño la cuchilla en mi mano izquierda y ésta se desliza sobre una superficie hostil y agreste... mis piernas llenas de pelos. aclaro los restos de pelos horribles mutilados en masa, mezclados en la espuma, ahora sucia y nada invitadora, que se escurre presurosa bajo el chorro hacia un desagüe como una despedida. termino la operación, con éxito. o eso creo...

amanece de nuevo, y.. ¡zas! ¡ahí están ota vez! son ellos, mis malditos pelos, que me persiguen, que tengo que odiar uno a uno, que he llegado a bautizar con nombre propio, para poder odiarlos, uno a uno. pasan los ñaos y no consigo tener sentimientos positivos al respecto. sencillamente no.

 

 

 
         
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