VELLOS ELLOS ENTRE LAS BELLAS PERO MAS BELLAS... - SANTIAGO DE LA IRA(noisy)

vellos ellos entre las bellas
pero mas bellas ellas
sin vellos
 
En el estado actual en el que se encontraba Agraciana, se podría creer que lo único agraciado en ella era su nombre.
 
Recuerdo aún verla correr despavorida mientras siete guardias del zoológico de Barcelona le perseguían detrás gritando espantados:
 
- ¡Se nos escapó la gorila! ¡Se nos escapó la Gorila!
 
Todo comenzó hace mucho tiempo… Bueno, ni tanto. Fue a la alborada de su pubertad cuando un grupo de andrógenos sacudió de manera brutal las hormonas de su sexo de jovenzuela.
 
Y se preguntarán ustedes quiénes eran los andrógenos. Pues nada menos y nada más que la pandilla más degenerada que cuerpo de mujer hubiese podido nunca albergar.
 
Hacia los 11 años uno de sus jefes hizo irrupción. Se llamaba Pendejo pero todos sus acólitos le decían con respeto y temor en la voz “El Gran Crespo”. Y había que ver que sus intenciones eran tan torcidas como su apodo.
 
Primero comenzaron a reunirse para beber y fumar porquerías por los lados de la ingle. De ahí la denominación con la que serían designados luego por las otras partes de la anatomía de Agraciana:
 
“Gentuza de bajos fondos”.
 
Se organizaron mucho más rápido de lo imaginado y con el despertar a la sexualidad de la chica, no tardaron en recibir encantados a otro grupo de degenerados como ellos y además de igual calaña:
 
“Los Manetos” que impacientes se impusieron sobre la piel en una rasquiña insoportable sólo atajada por el hidalgo caballero Hexacloruro de Benceno Gamma, único capaz de afrontarles con gallardía y quien después sería rayado de la lista para siempre y de manera misteriosa.
 
Todos los vellos asistieron a los múltiples entierros de aquellos chulos dejando así a la rabia, al deseo de venganza no tardar en calentarse en la sangre furibunda de estos facinerosos.
 
Canito, el más viejo de ellos, era el “consiguiere” de Don Crespo Blondo (Blondo era su apellido) y fue bajo sus consejos que las malvadas operaciones empezaron a desenvolverse sobre el cuerpo ingenuo y sin defensas de la pobre Agraciana.
 
El primer comando suicida se dirigió hacia el labio superior e incluso delante de las orejas junto a las mejillas para hacer pelechar una pelusa negruzca que, horrorizada, Agraciana no dudó un segundo en decapitar con la navaja de afeitar de su padre. De ahí lo de “suicida”, lo de “comando”… Esa es otra historia.
 
Pero venga que Don Crespo en una terrible furia ordenó a sus esbirros de contraatacar cuantas veces fuese necesario, ridiculizando a la chica entre sus compañeritas de clase que la bautizaron cruel e irónicamente “La Lampiña del Divino Miembro”, siendo El Miembro Divino el colegio de monjas donde realizaba sus estudios secundarios.
 
Lo peor vino después cuando hallándose de vacaciones en la Costa Brava, un grupo de guapos muchachos al verla contonearse en bikini sobre la playa, con todos esos gruesos vellos decorando sus piernas o escapándose de entre la tela del vestido de baño empujados por el calor insoportable que encerraba su pubis (sin hablar del olor, claro está), profirieron asustados al contemplar aquellos muslos:
 
- Si esa es la carrilera… ¿Cómo será la estación? ¡Joder, tío!
 
Atormentada por lo que venía de escuchar, el resto de la estadía estival se le fue en ensayar todo tipo de depilación clásica. Desde las simples pinzas con sus horas y horas de trabajo encarnizado tirando pelos y pelos hasta la ilusoria técnica de la cera o el azúcar que le hacía chillar y patalear de dolor.
 
No obstante, igual de peluda llegó a Madrid y se diría que mucho más puesto que en sus esfuerzos desorganizados no hacía más que mejorar el terreno nutriéndolo para que la banda de Don Crespo pudiese pelechar.
 
Entonces llegó el año 1994 con el éxito arrollador de la película “Lobo” del director americano Mike Nichols. Con tan mala suerte para Agraciana que varios periodistas de farándula que la vieron pasearse una tarde por la Gran Vía escribieron que el famosísimo actor Jack Nicholson, personaje principal de la cinta, sostenía una relación amorosa en la capital. E incluso ¡publicaron la foto! de la desgraciada sentada en una banca de la Plaza de España chupándose un helado.
 
Desesperada pues un día nuestra desventurada Graci (diminutivo afectuoso) quiso suicidársenos utilizando sus propios – escuchen bien – sus propios vellos como cuerda para colgarse.
 
Me dirán ustedes que con pelos tan pequeños no se puede fabricar una cuerda. Díganselo igualmente a ella porque esta mujer lo logró.
 
Gracias al cielo un amigo peluquero llegó a tiempo para evitar aquella trágica locura pilosa. Después de haberla extraído de la maraña le hospitalizamos y medio atolondrada por los calmantes, en la oscuridad escabrosa de su cuarto de convaleciente, a media noche, dos siluetas aladas y musculosas se posaron sobre el balcón. La una grandota y la otra un poco medio amanerada. Dieron algunos golpecillos apurados sobre la ventana antes que Agraciana se decidiese a abrirles, desconfiada que era la mozuela.
 
¿Y a qué no adivinan ustedes quiénes estaban allí?
 
¡Lasermán y su lechuguino acólito Fotodepilaciano! hospedados para la ocasión en la baticueva central del Instituto HAIRCARE.
 
Al encender la linterna e iluminar la cara de Agraciana la carcajada de nuestros héroes no se hizo esperar hasta que apretándose la panza a causa de las punzadas, Lasermán le suplicó a su compinche apagase la luz de la lámpara y así proseguir la visita en la penumbra… por el bien de todos.
 
La cuestión fue que a nuestra sufrida Graci no le hizo gracia tanta exteriorización de sentimientos de la parte de aquellos dos y haciéndoselos saber con insultos que el pudor me impide aquí transcribir, les invitó a que se fueran a tomar por el c… que se fueran, simplemente.
 
Las cualidades diplomáticas de Lasermán obtuvieron con palabras tiernas y dulces calmar un poco la eléctrica atmósfera logrando que ella se sentara en el borde de la cama y les contase cabizbaja  la totalidad de sus pesares.
 
Entre tanta desdicha estaba el acoso al que la compañía Gillette la sometía diariamente con su propuesta en dinero metálico de grabar una publicidad para ellos.
 
O las del circo “Brillantina” que anhelaba montar un nuevo número circense jamás visto, o una parodia que la Metro-Goldwyn-Mayer añoraba rodar desde hacía rato sobre la vida sexual de la mujer ilegítima de King Kong.
 
En fin… Sin contar la seborrea sobre su cabeza por la que le arrestaron una vez de vuelta de América Latina en la aduana del aeropuerto de Barajas, dizque por tráfico de cocaína. 
 
A este momento de sus confesiones íntimas con los dos súper héroes Agraciana estaba hecha caspa (¿…?) perdón, quiero decir: estaba hecha polvo y Fotodepilaciano tuvo que atraparla en el aire evitando se desplomara definitivamente por el suelo.
 
Los aleteos urgentes removieron las espesas nubes de la noche madrileña antes que Lasermán acostara en la clínica dermatológica el cuerpo extenuado de nuestra Graci entre los brazos cuidadosos de Lásermiña Alejandrita que cuadriculó su cuerpo con un lápiz permitiendo luego a Lásermiño Diodo ocuparse del bigote,  a Fotodepilaciano de las axilas, y en el momento en que la depilación brasileña quiso inmiscuirse actuando sobre las ingles, Lasermán la echo a patadas y se dedicó él mismo a erradicar para siempre toda traza pilosa sobre estas partes tan íntimas, y, y, y, ¡y suprimirlas sin dolor!
 
A la mañana siguiente la luz se coló con delicia entre las cortinas para modelar las formas esculturales tanto tiempo escondidas de Agraciana: Una dermis canela, suave, lisa, sensual, embriagante y hechicera con la que ahora se mostraba orgullosa al mundo entero y sus placeres. Esa belleza incandescente, pura al fin de toda vellosidad repugnante extendiéndose sobre el cuerpo candoroso de nuestra bien amada.
 
La leyenda nos cuenta tantas cosas sobre su vida ulterior y la cantidad desmedida de apolíneos personajes masculinos que alcanzaron el privilegio de acariciar su divina piel que mencionarlas nos daría tema para varias tesis doctorales.
 
Sin narrar sus múltiples éxitos en la sociedad, tanto en su vida profesional que como mujer, madre y esposa. Esposa de… esposa de… de:
 
¡Lasermán!
 
Y sobre la vida conyugal de estos dos, Cabellos de Ángel que trabajaba en la clínica por aquel entonces nos contaba en la tasca de la esquina la otra tarde que…
 
Bueno… Bueno, eso es otra historia.

 
         
    Volver al listado  
 


Bases del concurso
  | | | | |