Contra el Imperio (del mal) - Francisco(venezuela)

 
Dentro de la estrella de la muerte, nuestros dos héroes se hallaban relativamente a salvo: vestidos con el uniforme blanco de los “stormtroopers” (tropas de asalto), no despertaban sospechas. Sin embargo, estaban apresurados; debían ingresar a la torre de control y desde ahí, ingeniárselas para abrir la compuerta de naves principal y dejar que entrara una nave imperial con un “cargamento” especial: un contingente de tropas rebeldes.
 
Capitán y subordinado se dirigieron con paso rápido a la torre. Aunque estaban más lejos de lo que pensaban, igual continuaron su camino. Ahí se dieron cuenta que las tropas imperiales tenían prohibido el paso. Solamente podían entrar oficiales y las “vírgenes vestales”. Estas damas casi sagradas tenían un entrenamiento especializado, y por lo tanto solo a ellas se confiaba con los códigos de seguridad. Estaba claro: alguno de los dos tendría que entrar vestido como virgen vestal.
 
Caminaron a través del amplio hangar escondiéndose detrás de las naves, transportes y columnas que conformaban aquella obre de ingeniería del mal. Andando de una en una lograron llegar hasta la torre. Pero antes, debían conseguir dos uniformes; uno de oficial, otro de virgen vestal. Hasta donde podían ver, sólo habían tropas de asalto. La preocupación los embargó. ¿Qué hacer?
 
Afortunadamente, parecía que la fuerza estaba con ellos: la base de la torre servía como vestíbulo. Entraron y vieron colgados de la pared, varios vestidos de vírgenes vestales, y uno solo de oficial. Aunque no tenían prohibido hablar, las vírgenes vestales nunca lo hacían, porque el voto de silencio era parte de su voto de castidad. Estaba claro: el capitán se pondría el negro uniforme de oficial, mientras que el wookie iría de inocente virgen, ya que su uso del lenguaje era muy limitado. Ahora bien, ¿Cómo deshacerse de aquella enorme cantidad de pelo?
 
Le tocó al capitán afeitar al wookie con las depiladoras láser que ahí estaban; aunque eran de alta precisión, no estaban diseñadas para cortar tanto pelo. El wookie sufría lo indecible, era como si pequeñas navajas laser, tan afiladas como los sables de los caballeros jedi, le pincharan cada centímetro de su cuerpo.
 
 Al cabo de dos vertiginosas horas, al wookie no le quedaba un solo cabello en su “humanidad”.  Fue en ese momento cuando el Capitán Han Solo agradeció al wookie: “Chewbacca, has hecho el máximo sacrificio por la república!”
 
UUUUHHHHAAGHHHHH!!! Fue todo lo que la antes peluda criatura pudo decir.

 

 
         
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