La guerra más peliaguda - Mª Soraya Geijo Uribe(v)

Mi vida es la historia de una guerra de guerrillas, la que he librado con mis pelos. Una guerra desigual porque yo soy una, grande y peluda, así que ellos son muchísimos, tantos que estoy segura de que tienden a infinito.

La primera batalla fue contra mis cejas, igualitas a dos puercoespines enfrentados. Como aún era inexperta sólo se me ocurrió blandir la cuclilla de afeitar de mi padre, sin más engaños. Vamos, que me lancé en seco y aunque inferí muchas bajas en el enemigo, yo fui la más maltrecha pues en mi afén por igualarlas, me quedé pelada. Corría el mes de ulio, así que me libré de la vergüenza de ir a clase con semejante pinta; pero, a cambio, ese par de descampados blancos en contacto con el sol, ese desconocido por aquellas latitudes, acabaron como dos marquesinas rojas que amenazaban con estallar en cualquier momento y dejarme los ojos en penumbra.

Como no hay bien que por mal no venga, me quedé metida en casa hasta terciado el mes de agosto, el de mi cumpleaños, el duodécimo por entonces. Siempre para celebrarlo hacíamos una merienda con mis hermanos y todos mis primos en la dehesa de mi madrina, quien, para mi desgracia, no tuvo mejor ocurrencia que regalarme un bikini. Al probármelo, ella que ya estabamayor y siempre fue corta de vista, decía que me sentaba de maravilla y estaba guapísima; pero yo, que siempre he sido muy consciente de lo mio, veía que por cada abertura del maldito bikini asomaba una maraña que,ni mi peluche favorito. Vamos, que mi madrina podría tener razzón si se tratase de presentarse al concurso de "Miss Peluda al Viento"; pero, dadas las circunstancias, no me quedé más remedio que emprender la segunda batalla con el mismo arma aunque poniendo mucho más cuidado, o eso creía yo. Esta vez ataqué los pelos de mis axilas - auténticas mofetas desde que empezó a apretar el calor - hasta que en carne viva como quedaron, me convirtieron en un pingüino pues el solo intento de cerrar mis brazos me hacía ver las estrellas.

El día de mi cumpleaños no pude por menos que inventarme unas anginas para librarme del dichoso bikini y, bien tapadita, que ni la bufanda me faltaba, tuve que aguantar cómo todos se lo pasaban en grande ´tirándose a la piscina. Afortunadamente mi prima Luz no quiso mojarse y se quedó conmigo.A ella sí me atreví a contarle la verdad y, como siempre nos hemos llevado tan bien, en vez de reirse de mi me llevó a la cocina y me enseñó un truco nuevo. Cogió la caja de cerillas y empezó a chamuscarse los pelos de los brazos. Al fin mi tercera batalla se saldó con una baja generalizada de mis enemigos y un desagradable olor a chamusquina, como el de los pollos de corral que se mataban en mi casa, que creí que ya nunca me abandonaría.

Aunque temía que me ocurriese lo mismo que con la quema de rastrojos en el campo que sirve de abono a la tierra y ya me veía con dos patas de oso por piernas, fui tirando a base de chamusquinas hasta que en clase de sociales el profe nos contó que el la cultura árabe es tradicional que a las mujeres, antes de casarse, se les mantenga aisladas, bien alimentadas para que engorden y, para acabar de conseguir un mayor atractivo, se les depile con miel. ¡Quién iba a pensar que la miel podía servir para algo más que para curar catarros! En cuanto llegué a casa me encerré en el cuarto de baño y me embadurné completa. Acabé inmovilizada, pegada a la bañera, condolor de estómago, casi ciega porque me costaba despegar los párpados (sólo me faltaba perder las pestañas, los únicos pelos de mi cara de los que me sentía orgullosa) y, tan peluda, como siempre. En conclusión, acababa de librar mi primera batalla perdida por completo, por no hablar de la bronca que  me echó mi madre y de las abejas que durante más de una semana me estuvieron persiguiendo cada vez que salia a la calle.

Así que cuando a mi madre, al fin, se le pasó el enfado y se apiadó tanto de mi como para hablarme de la cera, sentí tal terror pensando que acabaría mis días devorada por las picaduras de algún enjambre vengativo, que apunto estuve de sacar bandera blanca y dar la guerra por perdida. Pero una vez superados mis escrúpulos, me fui familiarizando con ella hasta ser capaz de calentarla hasta el punto exacto en el que atrapaba mis pelos sin llegar a abrasarme.

Entre tanto, el único novio que he tenido en mi vida me regaló una depiladora eléctrica el primer y único día de los enamorados que pasamos juntos. Como para no plantarle con tal derroche de romanticismo... Y encima se me queda mirando con cara de bobo porque dice que no hay quién me entienda, que sólo pretendía ayudarme a resolver mi problema ¡Lo que hay que oír, como si él supiera algo de pelos! Quizá por eso no llegué nuna a utilizar la mauqinita en cuestión, pues menuda tirria le cogí.

En definitiva, que mi arma favorita en esta contienda siempre ha sido, sin duda, la pinza de depilar. Porque con ella he sido capaz de atrapar pelos que no eran más que un mísero proyecto. Y es que, cada vez que se encendía la televisión en mi casa, yo cogía la pinza y pasaba horas causando bajas al enemigo y, sobre todo, entretenida porque si no ¿cómo aguantar los culebrones o, sin ir más lejos, los telediarios, llenos de malas noticias y peores imágenes? Mis hermanos se burlaban de mí porque decían que era como una gallina sacando gusanos de una pata y, bien pensado, algo de razón tenían. al fin y al cabo, antes de descubrir la pinza yo era como un inmenso pollo de corral chamuscado, por lo que la evolución gallinácea tenía su lógica, siempre que consideremos mi paso por la fase de pingüino como un mero desliz en la cadena evolutiva.

Así, todos estos años han transcurrido de batalla en batalla hasta que, menopausia mediante, he conseguido alcanzar el objetivo que todo estratega militar ansía: la aniquilación del enemigo. No me queda ni un pelo fuera de la cabeza donde, por cierto, cada vez me escasean más, y como no, sigo evolucionando: cada vez es más evidente mi parecido con una gallina matada a escobazos. Pero, lo peor de todo, es que ahora que tenemos TDT ¿qué hago yo para soportar este tostón?

 

 
         
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