Por avatares del destino he acabado viviendo en un barrio muy, muy pijo, esto no es malo ni bueno si no fuera porque acabas sintiéndote una choni cada vez que sales a la calle con lo primero que pillas, y lo primero que yo suelo pillar son una camiseta y unos vaqueros.
A eso hay que añadir que todas las chicas de mediana edad tienen unas pieles bronceadísimas unos cutis brillantes y cuidadísimos y un aspecto de Beverly Hills que te hace sentir como el patito feo. Y a mí siempre me ha gustado ser cisne, pero me aburre inmensamente estar horas en un salón de belleza.
Pero últimamente hasta las cajeras del súper de la urbanización llevan unas uñas divinas de la muerte llenas de dibujitos y pijadas, y ya no podía soportar que me miraran las uñas con cara de pena cada vez que les pago la cuenta. Así que armada de valor me he acercado a la pelu mega pija y he pedido que me hagan la manicura. Esa cajera no volverá a mirarme mal.
Total que me he sentado allí delante de una chica muy guapa y ha empezado a ponerme potingues en los dedos. En un momento dado su jefa le ha pedido que le depilara las cejas a un niño de unos 10 años, cosa que a mi me ha sorprendido mucho, vamos, muy normal no me ha parecido.
Yo tengo una especial aprensión a hablar de depilación, vello y cualquier tema relacionado, ni siquiera se como consigo escribir esto, pero tanto me ha sorprendido que le he preguntado a la chica si era muy normal que un niño se depilara las cejas. Pues si.
La chica se ha animado a hablar de depilaciones masculinas, con todo lujo de detalles, que si laser, que si cera, y me ha contado que ella misma está totalmente depilada, totalmente es lo que se dice totalmente, de arriba a abajo.
Está encantada con su depilación. Pero un día se encontró con la horma de su zapato, un chico que también estaba totalmente depilado, en principio esto debía ser como encontrarte con tu alma gemela, ¿no?
Pues no, resulta que ha descubierto que dos cuerpos totalmente depilados al entrar en contacto emiten unos ruidos horribles producidos por el rozamiento que imposibilitan por completo el acto sexual a no ser que te pongas unos tapones en los oídos. No nos engañemos hacer el amor con unos tapones no debe ser muy excitante, venda en los ojos aún, tapones no.
El chico no podría nunca hacer esa estúpida pregunta que siempre hace cuando acaba. Claro que igual con los tapones se evitaba escuchar la cruda realidad
.
La cosa es que lo suyo, teniendo en cuenta que ninguno de los dos piensa renunciar a depilarse ha quedado en una bonita amistad.
Y como me ha dado permiso para contarlo y me ha dicho que lo leerá con su amigo depilado, tengo un mensaje para el amigo: Tu eres tonto, colega, si yo soy hombre y tengo una mujer así delante me dejo de depilar pero ya