Publicidad engañosa - Elen(asturias)

No cabe duda que en televisión emiten miles de cosas absurdas y sin sentido que bien podríamos pasar sin ellas. Están los programas de tertulias donde un selecto grupo de personas que normalmente no tienen idea de nada opinan sobre todo. Francamente, no veo dichos programas, aunque deben de resultar tan divertidos como ver a un asno intentar tocar la flauta. También están los programas de testimonios que, cuanto menos, debe de resultar escalofriante ver a tanto bicho raro regodeándose en sus cinco minutos de fama. Luego tenemos los informativos, los concursos, las series En fin, todo un abanico de opciones.

En alguna parte oí que la televisión sólo era un medio para emitir publicidad, y que los espacios que les quedaban los rellenaban con programación. La publicidad nos persigue vayamos donde vayamos, yo personalmente he llegado a tal punto de saturación que no me entero ni de lo que me están intentando vender. Sin embargo existe un tipo determinado de anuncios a los cuales, y para mi desgracia, soy incapaz de ignorar. Son ésos en los que una chica que está en “esos días complicados del mes” declara lo feliz que se siente por ser mujer. ¡Pues será ella! Quizás ella no sufra los calambres que yo tengo, ni tenga que pasarse los dos primeros días inventando nuevas formas de analgesia para aliviarse.

Me ponen enferma esos anuncios que pintan la realidad como si todo estuviera hecho de algodón de azúcar. Lo que me lleva a pensar en esos otros espacios publicitarios donde dos felices adolescentes salen depilándose la una a la otra con bandas de cera en su cuarto y riéndose excitadas porque van a ir a la playa. O la escultural mujer que se pasa la maquinita depilatoria como si se estuviera frotando las piernas con un paño de terciopelo.

Yo no sé si es que mi sistema nervioso es demasiado sensible, o es que los publicistas que crean estos anuncios no tienen terminaciones nerviosas, pero cada vez que los emiten por la televisión no puedo evitar arquear una ceja y resoplar.

No recuerdo a qué edad me depilé las piernas la primera vez, pero recuerdo que fue con la famosa silkepil (o como se escriba) y me pareció una tortura horrible. Se me irritaron las piernas y me picaban muchísimo. Pensé que tenía que haber otra alternativa a aquella insufrible práctica. Probé con la cera, fue menos doloroso, pero soy un desastre y nunca encuentro tiempo para ir a la peluquería, y hacerlo yo misma resultaba un engorro. La crema depilatoria olía a rayos (aunque en la cajita ponga “con aroma a rosas”) además de resultar un poderoso corrosivo si la dejas reposando más del tiempo recomendable en las instrucciones de uso (lo comprobé por mí misma. No pude ponerme falda en varios días); y la cuchilla no era la mejor opción pues a los cuatro días tenía las piernas que parecían lija.

Así que hasta hoy he seguido con mi amiga la silkepil; me he acostumbrado a los constantes tironcitos y el body milk ayuda a combatir la irritación.

Al menos ahora los hombres también empiezan a depilarse. Ya que no tienen la regla, que la justicia en el universo se recupere por otra vía.

 

 

 
         
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