Después de treinta y cinco años encuentro al príncipe azul, ésta noche tenemos una cita romántica y sensual tengo que estar divina. Salí temprano y luego de pasar por la peluquería, donde alisé mi cabello, compré un labial rojo pasión para estar a tono.
En la tintorería me tenían listo el vestido negro que saco del placard para todos los eventos, lo que pasa es que ese vestido hace lucir mis piernas, único fuerte en mí.
Todo estaba saliendo bien, salvo que cuando me pruebo el vestido y dirijo la vista hacia mis piernas, todo se volvió oscuro, no me bajó la presión arterial, simplemente no me había depilado. ¿Qué clase de princesa a su cita va con unos pelos que asoman afilados como alambres en sus piernas? Los nervios no se hicieron esperar, busqué mi maquinita de afeitar por toda la casa y no la encontré, durante años me depilé con ella, eso era evidente por la textura áspera de la piel y el tensor de los pelos, pero era el sistema ideal. Visto que no la encontraba llamé a mi amiga Paula que siempre tiene solución a mis problemas, en cinco minutos estaba en casa con un bolso que contenía el remedio a mi problema. Sacó una lata y la puso al calor del fuego en la cocina, comenzó a revolver con una espátula y no me animé ni a preguntar, cuando no aguanté más, tomé aire y dije:- ¿no será cera?- Y pude ver en sus ojos algo que nunca había visto, era un monstruo regocijándose con lo que iba hacer, le brillaba la mirada y la sonrisa no la podía ocultar, empecé a correr por toda la casa, la amenacé con llamar a la policía mientras quería atraparme con la espátula de madera y arrancarme en la piel, despellejarme viva, nunca más voy a volver a verla, se terminó, como también se terminaría la relación con mi príncipe si no me depilaba e iba a mi cita.
Entonces recordé una propaganda que había visto en la tele, y fui corriendo a la farmacia, me compré dos paquetes de unas cintas novedosas que te las pegas en la piel y en cinco minutos por efecto de no se que, te saca todo los vellos y no te duele. Llegué a casa, seguí las instrucciones al pie de la letra y las pegué en ambas piernas. No se que pasó, me faltaba el aire, se me hizo un nudo en la garganta, en mi mente la vida pasaba como en fotografías, me desmayé por un instante y creí ver una luz al final de un túnel. Para dar un nombre moderno creo que es pánico por no decir el nombre técnico de lo que me pasa: “fruncimiento de traste”. En definitiva como dejé pasar más de los cinco minutos recomendados, tuve que poner las piernas bajo el agua tibia e igualmente costó aflojar la bandita y me quedaron todas las piernas marcadas y pegoteadas, parecían sucias.
Creyendo que no había más remedio y teniendo en cuenta el dicho: “madre hay una sola”, sí mi madre me salvó prestándome una crema depilatoria innovadora, me cubrí con la susodicha crema ambas piernas y…mamá no me advirtió lo que pasa con todas esas cremas, emanan un olor a podrido que te dura por dos o tres días, inaguantable, mis piernas parecían carne en mal estado y ahí me di cuenta que todo había terminado, nada más podía hacer, era un verdadero desastre.
Pero a no desesperar, queridos lectores, que este es relato de princesas y es por eso mismo que ha de terminar bien como corresponde. Me tiré encima de las piernas dos frascos de desodorante para disimular el olor lo cual entre la maquinita, las banditas y la crema putrefacta, me provocó una tremenda irritación, traducido tenía las piernas con pelos, rojas, lastimadas, con granos y encima con una mezcla aromática de lilas y aloe vera. No importa, mantuve la calma…no, no es cierto me puse a llorar como una loca totalmente desequilibrada y una luz empezó a destellar en la habitación, igual que en el cuento de cenicienta cuando aparece el hada madrina , levanté mis ojos y ahí estaba hablándome con una paz interminable, sentí la música suave en mis oídos y escuché cada una de sus palabras mientras el rimel recorría mis mejillas, sabía que no iba a pedirle que convirtiera mi auto en carroza, ni ratones en corceles solo quería mis piernas suaves y despobladas. Corrí las lágrimas de los ojos y anoté la dirección que decía en la pantalla, obvio chicas el destello del luz, la musiquita, etc., venían de la televisión, soy princesa 2008, mi hada madrina era una bella mujer de delantal blanco que describía la solución a mi problema y realmente era una hada ya que prometía erradicar para siempre esos molestos y antiestéticos pelos con algo que actúa como una varita mágica, creo que se llama láser en vez de varita, como sea la palabra mágica era: INDOLORO.
Fui, vestida ya para mi cita porque eran cerca de las ocho de la noche, bueno todo, todo bien no me salió porque no tenía turno y había muchas mujeres esperando el milagro del láser pero igualmente pude hablar, con esa mujer amorosa que había visto en mi pantalla, me explicó todo y quedé para acabar con todo al día siguiente, ¿Qué me tranquilizó? Un par de jeans que ocultarían mis piernas para zafar esta noche, pensar una excusa para no intimar con la intervención de mis piernas y la seguridad que en los cuentos de princesas, el príncipe siempre se casa con ella y son felices por siempre.