La tala del bosque mediterráneo - maria elena cano fernandez(valencia)

Tengo que reconocer que me inicié en la depilación bastante tarde, y es que hay dos hechos de mi infancia que me marcaron profundamente. El primero de ellos es el recuerdo de mis vecinas de enfrente gritando de dolor cada vez que se quitaban la cera caliente.Tenían un aparatito que calentaba la cera y luego se la ponían con unos palitos que me recordaban a los de los helados pero eran más grandes. Yo tendría unos cinco años y me moría de curiosidad por saber en que consistía aquello, por lo que miraba fascinada todos los preparativos: cómo echaban unos lacasitos amarillos en el aparato, cómo se derretían y después cómo los removían con el palo del helado.Despúes venía la parte en la que los lacasitos se convertía en miel y se extendía por la pierna. Pero la magia se acabó al primer grito de dolor.

El segundo hecho que marcó mi depilación era ver las cerdas de jabata que tenía mi madre por depilarse toda la vida con cuchilla, así que decidí no sufrir  ni acabar con una bonita pelambrera.

Cuando llegó el momento me decanté por unos polvitos que con mezclados con agua eran como la crema depilatoria, pero el resultado no fue el esperado: el bosque se llenaba de maleza demasiado pronto.

Después descubrí unos discos que si los frotabas en sentido circular hacía desaparecer los pelos como por arte de magia, a la vez que dejaba la piel muy suave ( exfoliación+ depilación, qué más se podía pedir).Pero los compraba en la droguería de mi barrio, y cuando cerró  se acabó la época de felicidad indolora: tuve que enfrentarme a mis miedos y  decidí probar con una depiladora eléctrica seducida por los anuncios de la tele que hablaban de un "cosquilleo".

Cuando la probé la primera vez no me pareció tal mal, pero claro, lo hice enmedio de la pierna, pero.. ay cuándo la probé en la espinilla... me acordé de la familia de la primera mujer que  pensó en la depilación.

-Reflexión: ¿qué hubiera sido de la vida de la mujer si a nadie se le hubiera ocurrido quitarse los pelos? Sin duda todas seríamos más felices, viviríamos más relajadas  y el reto entre las amigas no sería quién tiene menos vello y tiene la piel más suave  sino quién lleva las trenzas más bonitas en las ingles, por ejemplo.-

Secándome las lágrimas continué con la tortura de la depiladora eléctrica y para no pensar en el dolor me concentré en mirar cómo caían los pelos arracandos en en suelo,  y con el ruido de la maquinita parecía que una motosierra iba cortando todos los árboles del bosque. Sin duda lo más fascinante era ver cómo caen todos los pelos uno a uno al suelo, cuál árbol caído.

Así que desde entonces ya no me depilo, me dedico a talar el bosque mediterráneo  de mi cuerpo.

 
         
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